Sociedad 03/01/2021

Tensión por las políticas contra el tránsito y un transporte público en horas bajas

Jordi Mumbrú
2 min
Barcelona engega el pla per pacificar un de cada tres carrers de l'Eixample en deu anys

HABÍA QUE REACCIONAR DEPRISA y adaptar la ciudad a la maldita nueva normalidad y nadie puede discutir que el gobierno de Barcelona se ha esforzado. En un abrir y cerrar de ojos el equipo de Ada Colau había anulado carriles enteros para ampliar aceras -y permitir que los peatones pudieran circular manteniendo la distancia-, y algunas plazas de estacionamiento para coches se habían transformado en terrazas de bares y restaurantes, una medida que quería fomentar que el sector gane un poco de dinero. Eso sí, la rapidez y la estética no siempre van de la mano. Las terrazas en las calzadas son las más feas que nadie pueda imaginar. Al mismo tiempo, se ponía un carril bici en la calle Valencia y se preparaba el de la calle Aragó, dos de las vías más rápidas de la ciudad. Todo ello ha despertado una serie de voces que denuncian lo que consideran “una guerra” contra el coche. El próximo año este pulso aumentará seguramente cuando, en otoño, empiecen las obras para conectar los dos tranvías por la Diagonal. En juego hay un modelo de ciudad, pero sobre todo, la salud del planeta y la de sus habitantes.

EL TRANSPORTE PÚBLICO, que es clave para poder reducir el tránsito privado, pasa por un momento nefasto. La caída de la actividad económica, el teletrabajo, la absoluta desaparición del turismo y el miedo a contraer el virus han hecho caer el número de pasajeros de metro y autobús un 47% y han hecho crecer el agujero económico en 180 millones. La situación tardará en cambiar y la factura de hacer funcionar el metro y el bus seguirá creciendo. Ante esta situación el Ayuntamiento de Barcelona ha pedido al Estado una ayuda económica. Además, confían en las ayudas que puedan llegar de la Unión Europea.

LAS FINANZAS del Ayuntamiento por primera vez en muchos años no solo no secarán la deuda, sino que la incrementarán. Los presupuestos de 2021, que el gobierno municipal (comuns y socialistas) aprobó con el apoyo de ERC y de Manuel Valls, llegarán a los 3.200 millones de euros, un récord. El incremento del gasto -necesario para ayudar a los más necesitados- llega, pero en medio de una caída de ingresos públicos sin precedentes agravada por la desaparición del turismo.

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