Fisiología

Analizan si todo el mundo puede hacer lo mismo que Kilian Jornet

Un equipo de investigadores identifica un conjunto de sustancias en la sangre que permiten predecir el rendimiento deportivo y la salud cardiovascular

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El cuerpo de un ultrafondista como Kilian Jornet puede desarrollar una potencia de 500 vatios y mantenerla durante 30 horas.

Hacer deporte moderado es una de las actividades más recomendables que hay. Contribuye a mantener una buena salud cardiovascular, disminuye el estrés y favorece las funciones mentales. No todo el mundo, sin embargo, tiene la misma predisposición metabólica para hacer frente a las situaciones de demanda energética del deporte, especialmente cuando pasamos del deporte moderado al de alto nivel. La musculatura de un velocista como Ussain Bolt tiene unas características que le permiten realizar un trabajo muscular muy potente pero de poca resistencia. En cambio, la de los ultrafondistas como Kilian Jornet permite hacer ejercicios de mucha resistencia y poca potencia. En el primer caso, se utilizan 10.000 vatios de potencia, pero solo durante 10 segundos. En el segundo, se usan como mucho 500 vatios y se pueden mantener durante 30 horas seguidas.

Llevar el deporte en la sangre

Tampoco todo el mundo responde del mismo modo cuando entrena. Además del estado físico general y de factores internos como la motivación, se sabe que hay componentes genéticos que afectan a la progresión física cuando se siguen programas de entrenamiento. Se han hecho numerosos estudios en situaciones de competición de alto nivel, pero hay pocos que hayan analizado a personas que practican deporte moderado. El médico Robert E. Gerszten y sus colaboradores, de varias universidades y centros de investigación de los EE.UU., Canadá, Alemania y Austria, han buscado qué marcadores sanguíneos permiten anticipar la respuesta cardiovascular de personas sedentarias cuando inician un programa de entrenamiento.

Tal como han publicado en la revista Nature Metabolism, han identificado 147 biomarcadores que se relacionan con aspectos como el metabolismo de los azúcares, el transporte de oxígeno y el mantenimiento de la musculatura y de los vasos sanguíneos. Según los autores, los resultados ayudan a entender por qué no todo el mundo responde del mismo modo ante el entrenamiento deportivo. También pueden ayudar a predecir el riesgo de sufrir determinadas enfermedades, especialmente cardiovasculares, y a anticipar los beneficios del entrenamiento en la salud física.

Una de las maneras más sencillas de valorar el estado físico de una persona y su respuesta al practicar deporte es medir la absorción máxima de oxígeno. Este valor hace referencia a la cantidad máxima de oxígeno que un individuo puede utilizar mientras hace un ejercicio físico. Cuanto más oxígeno puede utilizar, más energía puede producir. Esto hace que haya una correlación directa entre este valor y el estado de salud. Se sabe que cada persona presenta un nivel basal de esta medida, que viene dado por las particularidades de su genoma, pero a través del entrenamiento deportivo se puede incrementar.

Ahora bien, hay personas que lo pueden incrementar con más facilidad que otras y que pueden llegar a niveles más altos, debido también a las características de su genoma. Dado que analizar el genoma de un número elevado de personas tiene un coste elevado y resulta poco práctico, en este trabajo los investigadores se fijaron en una serie de biomarcadores sanguíneos, que se pueden valorar con un simple análisis de sangre. Un biomarcador es cualquier molécula biológica que pueda ser identificada y, en este caso, también cuantificada. Los investigadores se fijaron en unos 5.000 biomarcadores que previamente ya se sabía que podían tener alguna relación con la salud de las personas y con la mejora de la condición física al practicar deporte.

20 semanas de entrenamiento

Para garantizar hasta donde fuera posible que no hubiera distorsiones por entrenamientos previos, pidieron a más de 650 voluntarios sanos pero de vida sedentaria que se sometieran a un análisis sanguíneo, para valorar estos biomarcadores. Después los inscribieron en un programa de 20 semanas de entrenamiento cardiovascular moderado, y al acabar repitieron la analítica. El objetivo era encontrar qué biomarcadores respondían mejor al entrenamiento físico y ver de qué manera se relacionan con el estado de salud.

identificaron 147, que están implicados en muchas funciones fisiológicas diferentes, más de las que se esperaba al iniciar el trabajo, según dicen textualmente. Como es lógico, muchos están implicados en el metabolismo de los azúcares y de las grasas, dado que son las principales moléculas energéticas del cuerpo, y en el mantenimiento de la musculatura. También identificaron biomarcadores que ejercen su función en los pulmones y que están implicados en la producción de células sanguíneas.

Los dos casos tienen relación con la captación y el transporte de oxígeno, lo cual se relaciona directamente con la absorción máxima de oxígeno que utilizaron como medida del estado físico. Pero también encontraron algunos relacionados con el sistema nervioso, lo cual contribuye a explicar los múltiples efectos beneficiosos de la práctica deportiva. Además, los diferentes niveles de respuesta de los participantes se relacionan con las diversas variantes por estos biomarcadores, lo cual puede ayudar a predecir el riesgo de sufrir determinadas enfermedades y a anticipar los beneficios del entrenamiento sobre la salud física general, según dicen los autores al final del trabajo.

David Bueno es director de la Cátedra de Neuroeducación UB-EDU1st

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