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La República de Weimar: cuando Alemania fue un faro de la cultura europea

Una gran exposición en CaixaForum de Barcelona evoca el esplendor cultural alemán de entreguerras y alerta de las semejanzas políticas con la actualidad

Réplica del robot María de la película de Fritz Lang 'Metropolis'
01/04/2025
3 min
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BarcelonaLos monstruos están siempre al acecho, y aprovechan la mínima oportunidad para volver a manifestarse. Es inevitable pensar en el mundo de hoy durante su visita a la nueva exposición temporal del CaixaForum de Barcelona, Tiempos inciertos. Alemania entre guerras, en cartel desde este miércoles hasta el 20 de julio. Se trata de una mirada transversal al legado de la República de Weimar (1919-1933) con unas 90 obras de arte y una serie de películas, piezas musicales y objetos de artistas, fotógrafos, cineastas y músicos como Vassili Kandinski, Fritz Lang, Robert Wiene, Marianne Breslau Münter, Ígor Stravinski, August Sander y varios creativos de la Bauhaus.

"La idea principal que hay detrás de este período es que es un cambio de época: se pasa del mundo que el escritor austríaco Stefan Zweig llamó el mundo de ayer, que era un mundo de seguridad, estabilidad, certezas y razón, en el mundo que saldrá después de la Segunda Guerra Mundial, que es un mundo de incertidumbres e inestabilidad", tal y como dice el arquitecto y filósofo Pau Pedragosa, el comisario de la muestra junto con el profesor Txuss Martín. Además, ambos son los autores del mundo hasta nuestros días –explica Pedragosa–. El cambio de época se produjo en todas las disciplinas. Todos los ámbitos de la cultura sufrieron lo que entonces se llamaba una crisis de cimientos, que hoy diríamos que es una redefinición. Y esto ocurrió tanto en la economía y la ciencia como en la filosofía y el arte".

Una sala de la exposición 'Tiempos inciertos. Alemania entre guerras', en CaixaForum.

La República de Weimar fue, como puede verse gracias a la organización cronológica del recorrido, fruto del afán de Alemania por reconstruirse tras la derrota en la Primera Guerra Mundial, recuperando "los principios de la Ilustración, los ideales ilustrados de democracia, igualdad y libertad". "Weimar fue una de las democracias más avanzadas de su tiempo: por primera vez en Europa había un sufragio universal y un reconocimiento, ante la ley, de los derechos de hombres y mujeres. Fue gracias a esos principios que hubo la enorme creatividad, que se ha comparado a la Atenas de Pericles y al Renacimiento", explica. Desgraciadamente, la llegada de Hitler al poder y la posterior barbarie del Holocausto y la Segunda Guerra Mundial terminaron con toda esta creatividad. Por eso, como recordatorio del peligro de que los monstruos puedan volver a aparecer en cualquier momento, la última obra del recorrido es un ejemplar del grabado de Francisco de Goya que incluye el lema El sueño de la razón produce monstruos.

Una de las hipótesis de trabajo de los comisarios es que no hubo dos guerras mundiales, sino una "en dos partes". "El conjunto de las dos guerras forman la Guerra de los Treinta Años del siglo XX, y la idea es que fueron necesarias dos guerras mundiales para enterrar definitivamente el mundo de ayer. O no, porque hoy estamos en un tiempo muy parecido de cambios", explica Pedragosa.

De un salón burgués a los campos de concentración

El recorrido arranca con la recreación de un salón burgués de finales del siglo XIX inspirado en la novela de Thomas Mann Los Buddenbrook, pero pronto se entra en un pasillo oscuro evocador de una trinchera de la Primera Guerra Mundial, en el que se proyectan las cifras estremecedoras que dejó: 10 millones de muertos, 20 millones de heridos y 70 millones de personas movilizadas. Más adelante, varias esculturas de artistas como Käthe Kollwitz evocan los cambios producidos en el cuerpo y la cultura moderna del cuerpo, y el recorrido continúa con reflexiones sobre el arte al servicio del poder (la película El triunfo de la voluntad, de Leni Riefenstahl, en contraposición a las obras de Bertold Brecht), y el contraste entre el individuo, representado por fotografías de August Sander, y otro individuo que se quiere disolver en la masa, representado por el sonámbulo interpretado por Conrad Veidt en el film El gabinete del dr. Caligario (1919), de Robert Wiene.

Más adelante, las imágenes de la mujer trabajadora y liberada sexualmente representan los dorados años 20, hasta que el crack de la Bolsa de Nueva York los arruinó en 1929. Y en el terreno de las artes plásticas se puede ver cómo convivieron diferentes movimientos, como el dadaísmo, el condado. El tramo final de la exposición recuerda algunos de los momentos más terroríficos del siglo XX: cuando las autoridades nazis ya controlan el arte y un grupo de estudiantes y profesores universitarios reunidos en Berlín queman libros. Será el preludio de la Segunda Guerra Mundial y los estragos del Holocausto, evocados por el poema de Paul Celan Fuga de muerte, un recuerdo de su paso por el campo de concentración de Auschwitz.

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