Ciudades globales
Internacional 04/10/2021

De México a Barcelona, una periodista huyendo del narcotráfico

La periodista mexicana Patricia Mayorga tuvo que venir a Barcelona como refugiada después de publicar un artículo –conjuntamente con Miroslava Breach, asesinada en 2017– en el que se relacionaba a políticos mexicanos con el narcotráfico en el estado de Chihuahua. En este texto, escrito en primera persona, Mayorga explica qué conlleva haber tenido que exiliarse a la fuerza de uno de los países más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo

Patricia Mayorga
9 min
Homenatge a Miroslava Breach y a Javier Valdez Cárdenas, periodistas asesinados en México en 2017.

El día 23 de marzo de 2017 por la mañana asesinaron a la periodista Miroslava Breach Velducea, corresponsal del diario nacional La Jornada en Chihuahua, con sede en el norte de México. No me imaginaba que aquel hecho sería un punto de inflexión en mi vida personal y profesional. Desde el año 2015 las dos habíamos compartido y publicado información sobre la Sierra Tarahumara: desplazamientos forzados, desapariciones, violencia generalizada y narcopolítica.

Después de su asesinato, me hicieron falta casi dos semanas para convencerme de que tenía que salir del país. Yo no era ningún delincuente y los asesinos se quedarían en mi tierra sin ningún problema. Es difícil reconocer el riesgo cuando domina el coraje y la frustración por la impunidad.

Estuve tres años fuera de México. En abril de 2020 volví a casa de manera intermitente, justo cuando empecé el confinamiento por la pandemia de covid-19.

“Me he convertido en una desplazada, ¿verdad?”

El 6 de abril de 2017 subí al avión que me llevaría a Ciudad de México. Mi asiento estaba junto a la ventanilla. Despegamos y la ciudad que me había visto nacer quedó atrás. Me vinieron a la cabeza imágenes de mi familia y de los indígenas de la Tarahumara. Me hacía daño no volver a su tierra. “Me he convertido en una desplazada, ¿verdad?”, le comenté a un acompañante que se encargó de llevarme a Ciudad de México, donde me tenían que recibir los compañeros de Periodistas de a Pie.

La tierra que me había hecho vibrar se hacía pequeña y quedaba atrás. Ahora tendría que aprender a vivir con esto. Las lágrimas salen solas. Los ojos funcionan como la válvula de escape automática para evitar que el dolor no estalle dentro del cuerpo.

Desde aquella pequeña ventana del avión, la incertidumbre se me clavó fuerte en el pecho y en la frente.

El 2 de mayo viajé a Perú con mi hija, una adolescente de 16 años. Allá estuve primero seis meses y después un año y dos meses. Las primeras semanas fueron difíciles. Había días en los que me despertaba sin entender qué hacía en otro país, que era bonito pero que yo no había elegido.

Me resistí unos cuantos meses a aceptar que aquello era mi casa. Pensaba que era una situación temporal, de tres meses, y verlo de este modo me mantenía relativamente tranquila. Me aferré a continuar escribiendo, a hablar sobre mi ciudad, mi estado, mi gente, desde la distancia. Con el paso del tiempo conseguí hacer reportajes sobre temas de Perú.

Poco a poco fui asimilando la realidad. Acepté con un profundo dolor que a Miroslava la habían asesinado y que tenía que aprender a vivir con este recuerdo como si me lo hubieran cosido en cada parte del cuerpo. El luto por la muerte de una amiga, por las pérdidas y el cambio de vida es intenso fuera de casa y de las raíces. Pero llegaron otros afectos, otra tierra me tendió la mano y me amparó.

La nueva tierra se convirtió en nuestro refugio, en tranquilidad y en fortaleza para reconstruirme, para reaprender a vivir. La anestesia pasó y la herida dolía más. Pero con la recuperación crecieron la esperanza y la fuerza.

Como una gran montaña de nieve

Vivir un desplazamiento forzado me obligó a escuchar a través del cuerpo, porque durante años muchos de nosotros, los periodistas, no lo escuchamos. La cobertura de las víctimas, de la corrupción, del horror, nos aleja de nosotros mismos. El desplazamiento me puso ante el espejo y me hizo entender mi propio refugio, y es entonces cuando surge la angustia, la tristeza, la incertidumbre, la desesperación, para después lograr la paz y la fuerza.

Ir a clases de defensa personal y de baile me facilitó la recuperación y me permitió fortalecer la mente. Pude concentrarme para avanzar con estrategia, para transformar la situación a la que me había volcado seguir ejerciendo en un contexto como el de México.

Un hombre muestra la portada de un diario que habla de los asesinatos de periodistas durante otra protesta
Fotografías de periodistas asesinados colocadas en el suelo durante una protesta en Ciudad de México

Uno de los apoyos principales y más efectivos que ha tenido el gremio es el acompañamiento psicosocial. En mi caso, lo he recibido de la organización Aluna Acompañamiento Psicosocial.

La diferencia entre este acompañamiento y las terapias de psicoanálisis es que el primero ayuda a entender el rol político que jugamos en el contexto de México, las consecuencias de nuestro trabajo y los diferentes efectos emocionales, mentales y físicos que tiene. Esto nos permite entender dónde estamos parados y, si deseamos continuar, nos ayuda a hacerlo con estrategia.

No hay nada de prisa, solo se trata de avanzar, desafiar las propias pesadillas y las de quienes vieron su vida trastocada con mi situación. Se trata de derrotar la ansiedad y abrazar el desbordamiento de emociones agradables y desagradables, que se plantan ante ti como una gran montaña de nieve.

Con pesadillas y en algunos momentos con angustia que no entendía, mi cuerpo gritaba el miedo que durante años había ignorado, como centenares de compañeros en México, donde nos habíamos acostumbrado al horror. Habíamos normalizado que eran los demás, y no nosotros, los que importaban.

Con ayuda profesional, aprendí a reconocer el miedo. Ahora sé qué se siente, cómo cala. También aprendí a verlo cara a cara, a entenderlo, a abrazarlo y a avanzar, a usarlo como un sensor para retirarme cuando el fuego amenaza con quemar.

Ahora es más fácil entender la culpa, escuchar e identificar el coraje, la ira, la impotencia, la angustia y avanzar con más fuerza.

El gremio vive una serie de violencias en cada estado de México, donde no se ha dejado de documentar el horror y las historias de esta época violenta. Es difícil para los que se van, pero también para los que se quedan.

Vencer la censura

La mayoría de los periodistas desplazados y las redes que continúan en las regiones donde antes trabajaban se han empeñado en vencer la censura. Cada vez que se ha cometido un homicidio o ha habido amenazas, han surgido redes regionales y medios independientes, que crecen a pesar de la adversidad política, financiera y social.

El camino no ha sido nada fácil. El dolor y los retos han dejado frente a nosotros el luto por más de 142 asesinatos de periodistas desde el año 2000.

Quienes se han quedado en las regiones han buscado sin cesar espacios para el periodismo libre, sin lazos con la publicidad oficial de los medios tradicionales. Ellas y ellos representan los vínculos de arraigo de quienes hemos salido de manera forzada de nuestros estados o bien de nuestro país.

Además de los homicidios, hay 25 periodistas desaparecidos desde el año 2003, de acuerdo con las organizaciones Periodistas de a Pie, Reporteros Sin Fronteras y el Comité Internacional de Protección a Periodistas (CPJ, por sus siglas en inglés).

El número de periodistas desplazados se desconoce porque generalmente salen en silencio. Entre 2013 y el 20 de enero de 2020, al menos 40 tuvieron que salir de su tierra para salvar su vida, y reciben apoyo en Ciudad de México a través de la Comisión Nacional de Atención a las Víctimas. Hay otro número indeterminado de periodistas que han salido del país o se han refugiado en otras entidades del interior de México.

A esta problemática se añade que el hecho de forzar a alguien al desplazamiento no está tipificado como delito en el país y, por lo tanto, no se trabaja desde los gobiernos federales y estatales en los regresos ni en su fortalecimiento.

La red Periodistas de a Pie, fundada en 2007, es una de las organizaciones que han acompañado el surgimiento de otras redes en el interior del país. Después de unos ocho años, surgió Alianza de Medios de la Red Periodistas de a Pie, en la cual se organizaron medios que surgieron de manera natural y otros que emanaron de las mismas redes de los estados.

La fuerza y persistencia del gremio de periodistas a través de estos esfuerzos independientes ha sido fundamental para mantenernos más fuertes y más lúcidos sobre los procesos emocionales y mentales, con el fin de hacer un periodismo mejor.

El terror como control

En el gremio apostamos al principio de la situación de violencia –que hemos vivido durante más de 13 años– por capacitarnos principalmente en seguridad física y digital. Después del luto por los colegas asesinados, de amenazas, de secuestros, de la frustración de la censura de medios grandes y tradicionales y de la impunidad, los esfuerzos se vuelcan en la búsqueda de la atención psicosocial.

“Para hablar del periodista en contextos de represión sociopolítica, es muy importante pensar en el papel que tienen que ejercer los periodistas. Los que corren más riesgos son especialmente los críticos, los alternativos, los que investigan”, explica la directora de Aluna, Clemencia Correa.

La experta destaca que conocer la verdad en un contexto como el de México es primordial para la sociedad en general, porque si no se hace una lectura política clara, es muy difícil que puedan actuar las organizaciones y los movimientos sociales, pero también toda la ciudadanía.

“Se están moviendo, además, en aguas bastante turbias. Sabemos bastante bien que en todos los países del mundo, y especialmente en América Latina, los poderes oficiales y empresariales, los caciques, como en México, y los aliados del crimen organizado han practicado una estrategia del terror como control social”, añade Correa.

En este sentido, Clemencia Correa explica que los retos para los periodistas independientes son: tener una mirada estratégica a partir de las investigaciones que realizan y de las palabras que van reconstruyendo, y crear notas coyunturales y puntuales que no solo sean contestatarias respecto a lo que va generando la violencia.

“He conocido periodistas que, cuando tienen una mirada más amplia, clara, estratégica, están haciendo aportaciones para generar una complejidad en la lectura de los ciudadanos y las organizaciones, y de un sector que necesita una mirada más clara. Pienso también, obviamente, que uno de los retos es el tema de la protección, dentro de la cual hay que proteger el trabajo de los periodistas”, añade Correa. Si hay una profesión solitaria, es la de los periodistas, especialmente en un modelo capitalista y neoliberal. El periodismo es una profesión u oficio que compite por obtener la máxima información, y es evidente que la información es un poder fundamental para la sociedad. “Por eso es tan importante construir redes que protejan al periodismo y a la vez lo hagan más crítico y articulado; que permitan que la competencia no sea entre los periodistas sino en contra de estos poderes institucionales: empresariales y, obviamente, los criminales a los que está expuesto permanentemente el periodismo”.

Correa remarca la importancia de tener una mirada que sepa discriminar a la hora de abordar los ataques contra periodistas, porque no causan el mismo impacto en las periodistas que en los periodistas. Y tampoco ellas pueden afrontar las agresiones del mismo modo. Igualmente, tampoco es lo mismo afrontar un desplazamiento forzado del territorio local o nacional, por ejemplo, para los que tienen condiciones económicas favorables. Todas estas circunstancias marcan una diferencia.

Diferenciar el terror del miedo

Clemencia Correa considera muy importante diferenciar el terror del miedo. El miedo es una emoción que permite alertar, es un mecanismo de defensa. Cuando este miedo es controlado y se utiliza de manera estratégica para generar parálisis, se trata de terror.

“El terror es utilizado como mecanismo para crear unas ciertas reacciones y comportamientos en las personas, para paralizar sus acciones. Por desgracia, en México, si bien el actual gobierno ha cambiado la historia porque ha roto con la tradición de los partidos de derecha, del PRI y PAN, desafortunadamente se mantiene una alta violencia y agresión contra los periodistas. México continúa siendo uno de los países más peligrosos del mundo para ejercer”.

Correa detalla que en la política local se han evidenciado alianzas del crimen organizado con algunos gobernadores, con algunos partidos políticos o caciques, que han conseguido de manera efectiva acallar a periodistas.

Una protesta para exigir seguridad este año en Acapulco.

“Lo han hecho a través de las desapariciones, las amenazas, los asesinatos. Todo ello ha provocado que muchos periodistas, como forma de protección o defensa, hayan tenido que desplazarse o exiliarse”, añade la directora de Aluna.

Cuando se sale del país se genera, además del desarraigo, la ruptura de vínculos, la ruptura con las familias, y esto a menudo desestructura el proyecto de vida de muchos periodistas.

“Por eso es tan importante trabajar en la manera en la que pueden afrontar y gestionar los periodistas estas estrategias de control social, estas estrategias de terror. Es muy importante trabajar los impactos, en particular cuando hablamos de desplazamiento o exilio”, indica.

Para esta especialista es necesario trabajar en los vínculos de los periodistas desplazados al exterior, ya sea de su estado o país, para fortalecerlos y para que no pierdan el sentido de vida y el sentido de hacer periodismo.

“Hemos visto transformaciones muy interesantes, de mujeres y hombres periodistas, que han sido capaces de resignificar el periodismo y ser más creativos”.

También es importante trabajar los regresos, no solo la protección fuera del país. Y, en este sentido, las redes son tan importantes durante el exilio como en el regreso.

“Hay que cuidar mucho los procesos de regreso. No se puede hacer un regreso sin estrategia, porque los actores siguen en la zona. […] El regreso implica garantizar la seguridad, pero también gestionar las emociones ante lo que se ha perdido y aprender a situarse otra vez en un lugar”. Y añade: “Si algo se rompe es el no lugar que tenía el periodista. Este no lugar que va dejando el desplazamiento y el exilio, es muy importante retomarlo y devolverlo. El regreso posterior a un exilio es lo que permitirá encontrar un lugar, un sentido y una nueva manera de ser y de vivir”.

Las redes de periodistas y los medios independientes han facilitado el camino a quienes hemos sido desplazados, a quienes se han quedado y afrontan lutos acumulados, pero, principalmente, a quienes todavía queremos ejercer el periodismo que hemos soñado.

El luto eterno de los periodistas en México

México sigue siendo, año tras año, uno de los países más peligrosos del mundo para los medios de comunicación. Y así lo demuestra la investigación anual de Reporteros Sin Fronteras (RSF), que consolida al país latinoamericano en el primer lugar del ranking en la categoría de zonas más peligrosas para la profesión. Según RSF, las agresiones mortales contra comunicadores en México ya son una “triste constante”, puesto que durante los últimos cinco años se han registrado una media de entre 8 y 10 asesinatos anuales de periodistas. El punto de inflexión fue en 2006, cuando el gobierno del entonces presidente Felipe Calderón inició lo que se conoce como “la guerra contra el narco”, que desencadenó una oleada de violencia en el país durante la cual, desde entonces, más de medio millón de personas han sido asesinadas.


Hace un mes, el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, admitió que el mecanismo gubernamental de protección a periodistas “no es el más eficaz” y ordenó a su responsable, el subsecretario de Derechos Humanos, Alejandro Encinas, que lo revisara. La comparecencia se produjo después de hacerse público un vídeo con una amenaza de Rubén Oseguera, alias el Mencho, líder del cartel de drogas Jalisco Nueva Generación, directamente contra la periodista de la cadena mexicana Milenio TV Azucena Uresti, en el cual la acusaba de informar de manera sesgada sobre el narcotráfico y la amenazaba de muerte. “Es nuestra responsabilidad proteger a los mexicanos, que no sean atacados, intimidados ni amenazados por nadie. Y solo quiero recordar que nosotros estamos combatiendo la corrupción y la impunidad, y que ya no hay, como antes, ninguna protección para ningún grupo de la delincuencia de cuello blanco u organizada: la autoridad no está al servicio de las mafias”, dijo López Obrador. De momento, el gobierno todavía no ha detallado su plan de actuación.

Patricia Mayorga: la incansable búsqueda de la libertad de prensa

Patricia Mayorga empezó su carrera como periodista en 2000, cubriendo temas de salud y educación. Más tarde enfocó su trabajo hacia temas de corrupción, violencia, feminicidios y violaciones de derechos humanos en el estado de Chihuahua. Como corresponsal del semanario de análisis político Proceso, publicó reportajes donde denunciaba las violaciones a los derechos humanos de los pueblos indígenas en Sierra de Tarahumara, así como la violencia y el narcotráfico, por los cuales recibió amenazas. El 23 de marzo de 2017 las amenazas se cumplieron para una de sus compañeras de trabajo y amiga, Miroslava Breach. Ocho disparos pusieron fin a su vida cuando se dirigía a llevar a su hijo a la escuela. Mayorga se vio forzada a abandonar su casa. En noviembre del año 2017 el Comité para la Protección de Periodistas (CPJ) le otorgó el premio Internacional de la Libertad de Prensa, que reconocía de este modo su trabajo y trayectoria. El CPJ se encargó de su salida hacia Perú y vino a Barcelona a través del programa de acogida temporal de periodistas de la Taula per Mèxic y el Ayuntamiento de Barcelona. Actualmente, Patricia ha podido volver a México, donde vive de manera intermitente y coordina el área de libertad de expresión de Periodistas de a Pie poniendo el foco en la importancia del apoyo psicológico.

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