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"No es raro que el ecologismo, el feminismo y los derechos lingüísticos sean odiados por quienes aspiran a construir estados autoritarios"

El PEN Català impulsa la actualización de la Declaración Universal de los Derechos Lingüísticos porque "los derechos lingüísticos son derechos humanos"

Las lenguas en el mundo tecnológico.
01/04/2025
3 min
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Barcelona"Todas las personas tenemos derecho a nuestra lengua en nuestro país. Es una cuestión de dignidad humana. Y todos tenemos derecho a la seguridad lingüística; es decir, a vivir en nuestra lengua. Si esto no ocurre, estamos ante situaciones de dominación cultural y lingüística, y por tanto también personal", afirma Vicenta Tasa Fuster (Oliva, 1974) de la Dra.

Combatir los lingüicidios y los abusos que afectan a la lengua y la identidad de los pueblos fue la premisa que provocó que, en 1996, Barcelona protagonizara un hito histórico: la firma de la Declaración Universal de los Derechos Lingüísticos (DUDL), un documento que se elevó oficial. Se trataba de un texto impulsado por el PEN Internacional y el Centro Internacional Escarré para las Minorías Étnicas y Nacionales (CIEMEN) que desplegaba 50 principios en defensa de la diversidad lingística y para la protección de las minorías lingüísticas. Aunque pronto se vio que Naciones Unidas no la asumiría como hoja de ruta con peso jurídico vinculante, sus principios han transformado decenas de entidades internacionales. También sirvió para que estados de Latinoamérica, África y Asia asuman la defensa de sus minorías lingüísticas y la ONU acabó incorporando la idea de que los derechos lingüísticos son derechos humanos.

Casi treinta años después, el Comité de Derechos Lingüísticos del PEN Català vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de combatir —y con más urgencia que nunca— el impacto sobre la diversidad lingüística de la globalización, las migraciones, las tecnologías y las políticas uniformizadoras. El libro El derecho a la lengua (Saldonar), escrito por una quincena de especialistas y miembros del PEN como Carles Torner, Isidor Marí, Oriol Ramon y Jordi Martí Monllau, reabre el debate y lo actualiza.

5.000 lenguas, 200 estados

"El capitalismo tecnológico y financiero es un factor acelerador de la desaparición de todo tipo de diversidad en el mundo, también en lo que se refiere a las lenguas. Ahora bien, estoy convencida de que si mañana desapareciera el capitalismo continuarían desapareciendo y minorizándose lenguas. Son fenómenos que tienen que ver con las formas de dominación de unos grupos sobre otros, indoeuropea, el euskera", afirma Vicenta Tasa, quien ha coordinado el libro.

La ambición es que la DUDL pueda influir en la política lingüística de los estados, que tienen la soberanía lingüística. "Hay unas 5.000 lenguas y unos 200 estados, que reconocen de forma diferente el uso oficial y social de las lenguas. Las posibilidades de vivir en catalán o valenciano serán diferentes según el lugar en el que te encuentres y la actividad que quieras realizar", señala la experta en seguridad lingüística, en referencia a los cuatro estados donde se habla catalán. "Estados como Suiza, Canadá, Bélgica o Finlandia tienen modelos aceptablemente igualitarios y respetuosos con su diversidad lingüística", apunta.

Tecnología e inmigración: los retos

Uno de los aspectos que más ha cambiado respecto a hace treinta años son las nuevas tecnologías, que parecían herramientas emancipadoras al margen de los estados y han resultado todo lo contrario: factores de minorización. "Todas las revoluciones tecnológicas han reforzado siempre las lenguas dominantes de cada momento. La inversión y la producción de tecnologías emergentes se concentra en Estados Unidos y China, y van acompañadas de dos lenguas, el inglés y el chino", afirma Tasa, quien en el libro analiza justamente cómo garantizar los derechos lingüísticos en el entorno digital. "De todas las lenguas minorizadas y sin estado, el catalán es la que mejor situación tiene en el mundo digital y, sin embargo, es precaria. Lenguas como el finlandés, el danés, el gaélico irlandés o el islandés tienen una posición muy débil", añade.

El otro aspecto en el que se hace énfasis, con un artículo del lingüista Pere Comella, está en los derechos lingüísticos de la población inmigrante –y el derecho a su lengua de origen– y cómo se hacen compatibles con la integración social y lingüística y con las lenguas propias de un territorio –especialmente si tiene una lengua ya minorizada. Ambos aspectos piden políticas públicas inteligentes y bien dirigidas.

Feminismo, ecologismo, lengua

"Siempre me ha llamado la atención la limitada atención por la diversidad lingüística de sectores del movimiento feminista o del movimiento ecologista", lamenta Tasa. Para la catedrática, la pérdida de la diversidad natural está estrechamente relacionada con la pérdida de la diversidad cultural, lingística y de formas de vida. Sólo si existen juntos hacen posible "vivir en un sitio con una comunidad cohesionada" y "con seguridad". "No es extraño que el ecologismo, el feminismo y los derechos lingüísticos sean especialmente perseguidos y odiados por quienes aspiran a construir estados autoritarios, en Europa y en el mundo occidental –afirma la profesora–. Nada más peligroso que querer construir sociedades homogéneas, puras y excluyentes".

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