BarcelonaAdam y Mar se fueron hace seis años a trabajar en Seattle, en la sede de dos grandes empresas globales. Aunque ella es navarra, desde que la pareja se estableció en Barcelona hace 19 años entre ellos hablan catalán. Cuando nació el primer hijo en Estados Unidos, Lluc, hace cuatro años, lo natural fue que cada uno le hablara en su lengua materna, ella el castellano y él el catalán. El resto de su entorno –la guardería, los amigos y los vecinos, que también hacen de canguros– le hablan siempre en inglés. El resultado de la ecuación es que Lluc habla perfectamente inglés, mientras que habla con más dificultades –y con un gracioso acento americano– el catalán y el castellano, que todavía tiene mezclados. El último ejemplo ha sido conjugar el verbo to ask (preguntar) en catalán: "Le podrás askar ama professora?". "Com puc fer que sàpiga bé el català?", es pregunta el pare, que veu que el nen sovint se'ls dirigeix en anglès i comença a parlar anglès amb la seva germaneta Ona, que tot just té un any.
"La recomanació en els primers anys de vida és que li parlis tant com puguis en català", afirma la professora de la Facultat de Traducció de la UPF Aurora Bel, investigadora en adquisició de llengües en entorns multilingües. Els primers requisits que cal tenir són "consciència lingüística" i "constància", avisa l'experta. A partir d'aquí, tres consells elementals perquè els fills dels immigrants mantinguin el català: parlar-los el màxim d'hores en català; obrir-los al màxim de contextos, i incentivar que el parlin ells, fins i tot encara que sigui a partir de les traduccions de la llengua majoritària.
El impacto de la escuela
Los estudios sobre los hablas de herencia (como se llama técnicamente a la lengua transmitida por los padres inmigrantes) marcan claramente dos momentos clave de su aprendizaje: por un lado, la entrada en la etapa escolar y, por otro, la llegada a la adolescencia. Cuando entran en la escuela lo habitual es que la lengua mayoritaria predomine en la vida del niño y pase a hablarla de forma habitual. Si hay hermanos en la familia, también es normal que se hablen entre ellos en la lengua mayoritaria, la lengua de integración, más aún si también es una de las lenguas de casa. "Se recomienda alargar al máximo la primera etapa preescolar, incluso retrasar la entrada en la escuela. No debes preocuparte por la adquisición de la lengua mayoritaria: ya la aprenderá", afirma Silvia Perpiñan, también profesora de la Facultad de Traducción de la UPF e investigadora en el campo de la adquisición de lenguas. Crear una burbuja lingüística funciona y lo demuestra que habitualmente los hermanos mayores hablan mejor las lenguas de herencia que los pequeños, porque han tenido una exposición más exclusiva en la lengua de casa y menos en la de la calle.
"Ahora que va a la escuela, Lluc sólo siente catalán de una persona, el padre. Y también cuando visita a los abuelos y primos en Catalunya, un par de veces al año", dice Adam. Estas largas visitas son muy provechosas y cruciales para socializar en catalán: es su inmersión lingüística. También sirven para adquirir nuevo vocabulario, naturalizar la pronunciación fonética y aprender las formas más complejas de la lengua. "Son niños que tienen un alto nivel de comprensión de la lengua heredada, pero a menudo no tienen capacidad de hablarla, y por tanto habrá que incentivarlo", dice Silvia Perpiñan.
Cuando a los 3, 4 o 5 años entran en la escuela, el desarrollo de la lengua familiar se interrumpe de golpe. "O se hace algo aquí, o mal –sentencia Bel–. Lo que hace falta es garantizar el aprendizaje de la lectura y la escritura en la lengua minoritaria". Óptimamente, asistir a escuelas bilingües. Si no es posible, buscar escuelas de comunidad (como la de los rusos y chinos en Barcelona). Y en caso de que no existan, será trabajo de los padres promoverlo, por ejemplo, leyendo cuentos en catalán. Obviamente, las pantallas pueden ser un aliado… excepto en el caso de una lengua minoritaria. "En teoría a lo largo del día Lluc siente igual catalán y castellano, pero aquí es donde entran los dibujos y juegos: es muy difícil encontrar contenidos digitales en catalán", lamenta Adam.
La adolescencia y la fuerza del grupo
La otra etapa complicada es la adolescencia. Por un lado, porque los jóvenes quieren integrarse en el grupo y necesitan que la lengua no los identifique. Aquí tiene mucho que ver el estatus que tienen como inmigrantes y el estatus de la lengua que traen de su casa: a menudo los inmigrantes más precarios tienen más interés en que sus hijos se integren en el idioma de la comunidad donde viven que los expatriados con alto estatus y alta movilidad.
También depende de cómo se percibe cada lengua en la sociedad receptora. "Los niños a veces niegan la lengua de los padres, y tienen el trabajo de hacerles ver su valor y ver que para integrarse no es necesario aniquilar la lengua propia", dice Aurora Bel. En cualquier caso, si no utilizan la lengua, un fenómeno que puede ocurrir es la atrición, que es la erosión de la lengua: a los quince años se puede saber menos que a los cinco. Por otra parte, hay estudios que indican que a la pubertad llega el "periodo sensible", en el que las habilidades para aprender lenguas comienzan a decaer porque se pierde plasticidad. Por eso es importante empezar pronto, pero sobre todo es clave la "constancia y la consistencia" a lo largo de los años, insiste Bel, si no, el esfuerzo se perderá.
Ariadna y familia celebrando la Navidad en Phuket.CedidaLa familia Sedó González en una salida.Cedida
Que no es fácil lo saben bien en casa de la familia Hoskens Castillo. Ariadna es catalana, Roger es holandés y entre ellos el idioma común siempre ha sido el inglés. Cuando tuvieron el primer hijo en Holanda le hablaron inglés y después, cuando se fueron a vivir al extranjero, este idioma se consolidó: en los últimos dieciséis años han tenido otros tres hijos y han vivido en Shanghái (China), Hong Kong y ahora en Phuket (Tailandia). "Ahora pienso que deberíamos haber hecho el esfuerzo de hablarles las otras lenguas porque el inglés lo habrían aprendido igual", lamenta mirando atrás a Ariadna, que a su vez está contenta de que los cuatro hijos sean nativos de inglés. El hecho de que el neerlandés y el catalán sean lenguas con pocos hablantes les hizo desistir ante una lengua internacional, que hablaban la pareja, la escuela y las cuidadoras. Además, nunca han coincidido las segundas lenguas de la escuela con las de casa: han estudiado, además de inglés, mandarín y francés.
Como vivieron un año en Holanda y los tres hijos mayores dan clases de holandés extraescolar, pueden expresarse en neerlandés, pero el catalán lo tienen más arrinconado. Ahora el hijo mayor está estudiando también español y se plantea hacer la carrera en Holanda: "Tiene una crisis de identificación. Todo el mundo tiene una bandera y él está muy enfadado porque se siente desarraigado. Son holandeses y españoles, pero no hablan las lenguas", explica Ariadna. "Si consigues que los hijos hablen la lengua de herencia y no la mayoritaria, es un superéxito, porque garantiza el mantenimiento de la lengua minoritaria, pero es muy difícil", admite Perpiñan.
¿Cuántas lenguas son viables?
"Los estudios demuestran que ser bilingüe te hace adquirir mejor una tercera lengua. Y que los trilingües no peor que los bilingües. Siempre pensamos que una lengua influye negativamente en el aprendizaje de otra lengua, pero los estudios indican que la transmisión es más positiva que negativa, puede ser justamente que una te dé una estructura". Por ejemplo, puede ocurrir en el caso del castellano y el catalán. Y Bel quiere desdramatizar un aspecto importante: "Debemos ser cuidadosos con la lengua pero también debemos ser realistas, y si somos multilingües debemos hacer algunas concesiones. No podemos pretender ser cuatro monolingües en una cabeza. Así que si no somos 100% percibidos como nativos, tampoco pasa nada", opina.
¿Pero cuántas lenguas se pueden introducir juntas en una criatura? Ambas colegas de la UPF coinciden en que tres es factible y cuatro lenguas a la vez empieza a ser demasiado, si bien no hay estudios concluyentes sobre cómo afecta a la nueva lengua a la solidez de las tres que necesita. Porque, como hemos visto, para aprender a fondo una lengua hay que estar expuesto al menos un mínimo de horas al día –pero no se sabe cuántas, si es un 20% o un 40%–. En un contexto multilingüe, como el de la familia Hoskens Castillo, o incluso ante la fiebre de los padres que quieren introducir muchos idiomas de pequeños a sus hijos, las expertas plantean: "Aprender muchas lenguas, pero ¿para qué? Debemos preguntarnos si tiene sentido. Porque si no la hablas con muchas personas, registros y contextos, no profundo, no profundo.
Recetas para mantener el catalán en el extranjero
La catedrática de lingüística de la UB Carme Muñoz, experta en adquisición de lenguas en contextos multilingües, da la receta esencial para que los niños mantengan las lenguas de herencia. Existen tres preceptos: exposición, uso y motivación.
Hablarle siempre en catalán: el progenitor debe dirigirse en esta lengua a la criatura aunque ella le conteste con la lengua mayoritaria de casa o del entorno. Es importante oír al máximo la lengua y en el máximo de contextos. Por eso también servirán la televisión y las series en catalán.
Socializar con niños de su edad: hay que buscar espacios para que puedan utilizar el catalán más allá del entorno doméstico, es importantísimo que sea con niños de su edad y en un contexto de recreo. De esta forma la lengua será divertida, espontánea y les valdrá la pena hacer el esfuerzo de cambiar de lengua. La clave es que hagan en catalán actividades que les interesan y con personas con las que les interesa interactuar.
Viajar a Cataluña: Las estancias con la familia catalana y los casals de verano son la fórmula perfecta para que los hijos de expatriados aprendan catalán. Es un contexto en el que el catalán es necesario y con frecuencia no existe el recurso de hablar su lengua habitual.