El hombre que cambió su destino con una carta
John J. Raskob, optimista radical, recomendó invertir en bolsa dos meses antes del Crac del 29

John J. Raskob Empresario
- (1879-1950)
Hace cerca de cien años, en Estados Unidos se publicó un artículo titulado Everybody ought to be rich [Todo el mundo debería ser rico], en la que el autor hacía toda una serie de elogios al capitalismo, al ahorro de las masas y, sobre todo, al mercado bursátil, que a su juicio era el mecanismo para cumplir el propósito del título del artículo, o sea, que cualquier ciudadano pudiera ser un potentado. Una visión del mundo discutible, pero con un problema casi insalvable: el texto fue publicado sólo un par de meses antes del celebérrimo Crac del 29, el hundimiento bursátil que sumió a la economía americana en una década de oscuridad, la muy conocida Gran Depresión de los años treinta, un largo período de hambre y paro.
El autor del artículo fue John Jakob Raskob, personaje fundamental del mundo empresarial estadounidense. La fe ciega que mostraba en el funcionamiento de la economía de mercado muy probablemente provenía de que, habiendo podido tener una infancia cómoda, la muerte del padre le obligó a dejar sus estudios y ponerse a trabajar por su cuenta. Con mucho esfuerzo e ingenio logró llegar a la cima del capitalismo. En su caso, el Sueño Americano funcionó y seguro que si su padre –un pequeño fabricante de puros de origen alemán– hubiera vivido para ver el éxito de su hijo, habría considerado que la aventura americana de la familia había merecido la pena.
Al servicio de los Du Pont
Tras foguearse en una gran diversidad de trabajos, cuando trabajaba en Johnson Steel Street Rail Company decidió enviar una carta, con recomendaciones incluidas, nada menos que a Pierre du Pont, el presidente de la compañía, en la que se ofrecía para trabajar directamente para él. Este Du Pont era miembro de una de las familias más ricas de Estados Unidos y descendiente directo deÉleuthère du Pont de Nemours (1771-1834). El ofrecimiento tuvo éxito, y en 1901 Raskob empezó a trabajar como secretario personal de Du Pont. Después de una década de servicios, entró en la tesorería de la empresa familiar de los Du Pont, de la que sería responsable en 1914, a los treinta y cinco años. Pero su ascenso aún no había encontrado el techo, porque sólo cuatro años más tarde fue nombrado director financiero tanto de la DuPont como de la General Motors. Si accedió a este cargo en la empresa automovilística es porque la General Motors estaba inmersa en una fuerte crisis y Raskob había recomendado a Du Pont que hiciera la inversión suficiente para rescatarla, por lo que su protector pasó a ser uno de sus principales accionistas. El reinado de Raskob en las finanzas del fabricante de coches duró una década, hasta que plegó en medio de una pugna muy dura por el poder con Alfred P. Sloan. Cabe decir que la impronta de Raskob en la DuPont fue decisiva, porque la transformó en una multinacional moderna y diversificada.
Y es precisamente en ese entorno de triunfo y poder cuando Raskob escribió el artículo con el que abríamos este relato, por lo que resulta fácil entender su optimismo visceral. Pero aquí no acabarían sus metas, porque poco antes de abandonar las responsabilidades en la General Motors entró a formar parte de la ejecutiva del Partido Demócrata de Estados Unidos, un cargo que ocupó hasta el ascenso al poder de Franklin Delano Roosevelt (1932), con quien tenía disputas muy profundas en lo que se refiere a las políticas macro.
Impulsor del Empire State Building
Durante los años de la Gran Depresión, Raskob enfocó sus intereses en el mundo inmobiliario, y en concreto en la lucha por construir el rascacielos más alto de Nueva York. Fue el principal inversor en la construcción del Empire State Building, pero una vez terminado y triunfador en la guerra particular con el edificio Chrysler, hacerlo rentable fue otra historia... y es que hasta 1950 no fue un buen negocio, justo antes de la muerte de nuestro protagonista.
Como ocurre con la inmensa mayoría de los millonarios americanos, Raskob fue muy activo en las causas benéficas. Junto a su mujer, con la que tuvo trece hijos, creó la Raskob Foundation for Catholic Activities (1921), que se dedicaba al activismo en la educación, la salud y el bienestar en general. Que la entidad fuera visiblemente católica no es una anécdota, puesto que era toda una declaración de principios en una América dominada por los protestantes.