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Grupos mediáticos

La renuncia de Prisa a tener una televisión desencadena un terremoto en el grupo

Dimite el presidente de la división audiovisual mientras el máximo accionista amenaza con destituciones

El presidente de Prisa, Josep Oughourlian, en una imagen de archivo
26/02/2025
4 min
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BarcelonaPrisa tiene el diario generalista con más lectores en España. Prisa tiene la radio con más oyentes. Pero Prisa no tiene una televisión, tras varias probaturas fallidas, y ésta es una espina que seguirá clavada en el conglomerado mediático. El anuncio de que el gobierno de Pedro Sánchez quería sacar a concurso una nueva licencia de un canal generalista de TDT había activado la maquinaria del grupo para poder optar a ella, confiando en que la sintonía editorial con el PSOE sumaría puntos a la hora de obtenerla. La iniciativa la lideraba el presidente de Prisa Media, Carlos Núñez, pero en los últimos días un cambio de guión brusco ha desatado una división interna en el seno del grupo. El presidente, Joseph Oughourlian, ha descartado sacar este proyecto adelante, lo que ha provocado la dimisión de Núñez.

Este miércoles el consejo de administración del conglomerado ha aceptado la renuncia del directivo y ha acordado reducir el número de miembros del organismo de 15 a 11, en el que se interpreta como una maniobra del máximo accionista para aumentar el control sobre la junta. En un comunicado difundido por Prisa se incluían declaraciones de Núñez. "Estos años han sido muy intensos y gratificantes porque, gracias al esfuerzo de todos, hemos abierto nuevos caminos para el grupo y hemos sentado las bases de un futuro más que esperanzador, tanto para la compañía como para los excelentes profesionales que la integran".

La suavidad léxica de esta nota corporativa, sin embargo, contrasta con una entrevista concedida por Oughourlian este mismo miércoles en el diario Expansión –del grupo rival, Unedisa–, donde lanza varios avisos a navegantes. "El consejo de administración de Prisa hará una reflexión sobre la continuidad de algunos directivos", dice, en una pieza de la que se extrae un titular inequívoco: "Invertir en una TDT en el 2025 no me parece un proyecto de futuro". Aunque no les menciona en la entrevista, algunos de los directivos que más se han implicado a favor del canal eran Miguel Ángel Contreras (director de contenidos de Prisa Media y asesor en materia de comunicación de Pedro Sánchez), Fran Llorente (bien relacionado con el entorno del expresidente Rodríguez Zapatero) y Pepa Bueno (directoraEl País). Las palabras de Oughourlian pueden ser leídas como una advertencia a los ejecutivos más conectados con la Moncloa, pero anuncian también una nueva etapa de relaciones más tensas del grupo con Pedro Sánchez.

El ejecutivo suelta otros toques de atención: "Si la gente no cumple o no hace el desarrollo previsto en Prisa, pues tendrán que buscarse otro sitio". El presidente de Prisa también critica con dureza que el proyecto naciera sólo con una inversión de 20 millones de euros, que considera que en televisión "dan para sólo cinco minutos", y unos presuntos apoyos que debían añadirse –se entiende que de productoras que quisieran trabajar para la cadena– que "no parecen sustentados en hombros sólidos".

En el momento de defender la opción de conseguir un canal televisivo, Núñez consideraba que esto les permitiría tener "acceso a un pool de ingresos publicitarios", al que no se llegaba, según explicaba en entrevista al diario El País. El negocio televisivo, en España, consiste en unos 1.800 millones de euros anuales, pero dos corporaciones –Mediaset y Atresmedia– acaparan el 82% de esta tarta publicitaria, gracias a la posición de dominio que obtienen al reunir entre los respectivos canales de este duopolio el 53% de la audiencia.

Oughourlian, en oposición a la visión de Núñez y su núcleo, considera a la TDT "un negocio del siglo pasado" y recuerda que se está pendiente de cerrar la refinanciación de un grupo con 750 millones de deuda, lo que también ha contribuido al rechazo del proyecto televisivo. Sin embargo, dentro de Prisa una rama apostaba fuerte por el proyecto y, dada la sintonía con la Moncloa, lo daban lo suficiente por hecho para que ya se estuvieran definiendo equipos y formaciones.

Aunque no ha trascendido qué modelo de televisión se quería seguir, el bajo presupuesto nominal de sólo 20 millones de Prisa –a modo comparativo, Mediaset gasta unos 800 millones anuales– sugiere que el canal quería apostar por formatos de debate de actualidad, que son baratos de producir. Además, esto lubricaría las relaciones con la Moncloa, que busca construirse un entorno de medios más amable que el actual, donde percibe hostilidad a ambos lados del duopolio que encabezan Telecinco y Antena 3, con Ana Rosa Quintana y Pablo Motos como mascarones de proa, respectivamente.

Historia de una frustración

Al principal grupo mediático español la televisión se le ha resistido tradicionalmente. Su primera incursión fue Canal+, en 1990. Nacían las privadas, con frecuencias concedidas por el ejecutivo socialista de Felipe González, y Prisa optó por quedarse la única licencia de pago, confiando en que estaría allí donde estaría el negocio. No fue así, y los elevados costes del fútbol, ​​un tardío desarrollo de la cultura del pago de contenidos en España y la piratería fueron factores que dificultaron la obtención de grandes beneficios. A esto se le sumó una política expansionista en Sudamérica justo antes de la crisis financiera del 2008 que resultó desastrosa y lastra enormemente al grupo hasta que, en el 2015, se desprendió de la mayoría de acciones de Canal+ y Telefónica las compró para crear lo que ahora es Movistar+.

Bajo otro presidente socialista, en este caso José Luis Rodríguez Zapatero, se realizaron nuevas adjudicaciones televisivas. Prisa volvió a intentarlo con Cuatro, un canal urbano y joven, que pouaba en el talento periodístico de la casa y tenía a Iñaki Gabilondo como enseña. Corría el año 2005 y el grupo, bajo las presiones de la deuda, sólo aguantó el proyecto hasta el 2009, cuando acabó vendiéndolo en Mediaset. El nuevo propietario le desprovisto de su identidad de la noche a la mañana y lo convirtió en un canal secundario permanentemente subyugado en Telecinco.

Prisa también lo intentó en el ámbito local. En 2000 nacía Localia, una iniciativa basada en ganar tantas licencias de televisión de proximidad como fuera posible y, a partir de ahí, crear una red que pudiera compartir algunos contenidos generalistas. Pero la TDT no fue el sueño prometido y, una vez más, el peso estremecedor de la deuda se hizo notar: el proyecto se cerró en el 2008.

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