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Phil Roberts: "Los quesos británicos son muy buenos y poco conocidos"

Queso

Phil Roberts, frente a la cava donde maduran los quesos
23/01/2025
4 min
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TerradasLa vida de Phil Roberts (Leeds, 1958) no puede decirse que haya sido monótona. A principios de la segunda mitad de los años ochenta trabajaba en Aberdeen, Escocia, en una plataforma petrolera del mar del Norte. "Se ganan muchos dineros pero la vida que tienes no es vida", dice. Su esposa, Miriam –entonces sólo eran pareja–, estudiaba filología francesa y alemana. "Nos conocimos en la Universidad de Oxford. Yo trabajaba y estaba terminando mi doctorado".

Phil Roberts en la azotea de su casa, en el vecindario de Can Vila.

Thatcher

La tercera victoria electoral de la primera ministra conservadora les decidió a marcharse del Reino Unido. "Si vivías en Londres, muy bien; pero para el resto del país fue un desastre", dice. "Cuando íbamos de vacaciones, que solía estar en Francia o Alemania, sólo podía hablar ella y decidimos buscar un sitio donde ambos tuviéramos que aprender una lengua nueva". En 1987 Barcelona ya había sido nominada sede de los Juegos Olímpicos de 1992, y la escogieron. "Nos dimos seis meses para salir y si no nos volvíamos a casa. Cargamos el coche con todo lo que podíamos: ropa, una olla, el equipo de música, y todavía seguimos aquí", dice sonriendo.

Empezó como profesor de matemáticas y física en colegios británicos de Barcelona hasta que un día supo que buscaban un ingeniero para trabajar en el mundo del petróleo en Abu Dhabi. "Era para una empresa española que con los años acabó siendo absorbida por Dragados. Me cogieron por el inglés y por el conocimiento que tenía. Estoy licenciado en física nuclear, y mi doctorado, que todavía estará en el ministerio de Educación británico, fue en ciencias de ingeniería, una titulación que no es homologable aquí... Pero no soy ingeniero. Decidí buscarme la vida sin títulos”, dice. "En Abu Dhabi hacía viajes puntuales, toda la ingeniería la hacíamos en Barcelona. Entonces era muy diferente a ahora, era para ir a ganar dinero y volver a casa. Estuve tres o cuatro meses en el desierto, voy pasar del mar del Norte a un mar de arena. Era espectacular.

El mundo del juego

Después de unos años fue a trabajar a Comsa-Emte, en las obras del metro de Sevilla. en el 2012". Entonces un amigo con el que había trabajado años atrás le propuso incorporarse a su empresa. "Decidí entrar en el mundo del juego. No sabía nada, pero venga, manos a la obra. Era superinteresante, hacíamos sistemas de gestión para casinos y para loterías nacionales, es decir, las terminales, las ventas, etc.".

El proyecto más ambicioso en el que trabajó fue para implantar una lotería nacional en Haití. "Es el país más pobre del mundo, pero gastan mil millones de dólares al año en el juego. Las remesas que les llegan de Estados Unidos se las juegan. La lotería en Haití está en manos de mafias. 'deporte, y para que el dinero se quedara en el país. Pero llegó la copido y se detuvo todo".

Phil Roberts, junto a su perro Apolo, en Can Carbassa, la casa que compraron en el vecindario de Can Vila, en la falda de la sierra dels Avalls, en 1992, cuando estaba prácticamente en ruinas.

Can Calabaza

En 1992 habían comprado una casa que estaba en ruinas en la sierra dels Avalls, en el vecindario de Can Vila, en el término municipal de Terrades, aunque queda más cerca de Les Escaules. "En los últimos tiempos de trabajar en Barcelona, ​​en el despacho me ponía las cámaras de seguridad, pero no para vigilar sino para ver el paisaje", dice Roberts. "Le dije a mi cabeza que quería plegar, físicamente estaba en Barcelona pero mentalmente estaba aquí. Y hice un curso de dos semanas para aprender a hacer quesos en Caldes de Montbui. Había varios ingenieros, un abogado, un piloto de avión... Todos pensábamos dejar nuestras profesiones e irnos a hacer quesos", añade. "Cuando decretaron las dos primeras semanas de confinamiento ya las pasamos toda la familia aquí [con sus tres hijos], y ya no hemos vuelto a Barcelona". Aprovecharon el confinamiento para realizar prácticas de quesos y en noviembre de 2020 empezaron a producir. Decidieron hacer quesos al estilo británico para diferenciarse de los que aquí se hacen. "No sabíamos si funcionaría, porque la gastronomía británica, como antecedente, no es la mejor del mundo, pero hay quesos muy buenos y aquí no son muy conocidos, –dice Roberts–. Los británicos son muy queseros, de los suyos y de los franceses".

Robertos en la cava donde maduran los quesos.

500 kilos

Cada día van a buscar 250 litros de vaca recién ordeñada a dos productores de Vilabertran y Avinyonet de Puigventós, y al cabo de media hora ya están en la cisterna de cuajar. Actualmente hacen quinientos kilos de quesos al mes, de seis variedades distintas: cinco británicas y una francesa. "Nos va muy bien. Vendemos el 80% de la producción en el Alt Empordà, en tiendas y carnicerías de los pueblos de los alrededores, y también servimos en varios restaurantes, como El Motel y el restaurante del Castell de Peralada. Tenemos la suerte que en esta zona hay un piloto de restaurantes de muchísima calidad. comprado algo que he hecho yo»", dice Roberts. En Girona vienen a una parada del mercado ya una tienda especializada, y en Barcelona también vienen a un par de establecimientos. Actualmente Roberts ya tiene 66 años y está jubilado, pero la su hija Lily, que también tiene una casa allí mismo, sigue su negocio. "El objetivo es desarrollar más productos con ella, utilizando nuestros quesos, y este año esperamos crecer un 25% más", concluye.

Phil Roberts, frente a una mesa con los quesos que elaboran
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