TOVALLONS NEGRES
Opinión 25/12/2020

Feliz Navidad a todas las burbujas

Me muero de ilusión cuando, en cuanto llego a una casa, me sonríen porque he llegado

Empar Moliner
2 min

Le vi una mañana de Navidad, en Vallvidrera. Nosotros íbamos en coche en Barcelona, a casa de la suegra, a comer escudella. Una mujer, cargada con cuatro sillas de estas de pinza, de las que se pliegan, discutía, agobiada, acalorada, malhumorada, con su marido (supongo que debía de ser su marido), que abría el portaequipajes del coche. Era una discusión de aquellas de nervios por la intendencia, agravada por los años de matrimonio. Debían de ser muchos a la hora de comer y ellos eran los encargados de las sillas supletorias. Seguro que durante el viaje pusieron morros y se reprocharon cosas. “Todo lo tengo que hacer yo y mi hermana no hace nada”. Pero yo me miraba a la mujer y pensaba: si supiera la envidia que provocan, en según quién, estas cuatro sillas... Yo iba hacia mi escudella, la que me correspondía, la que alguien había hecho, para mí, para nosotros, para demostrar de este modo –cocinando– que nos quería. Pero no he tenido siempre escudella.

Invitar y ser invitado. Es la cosa más feliz. “¿Te quedas a comer?”, te preguntan a veces. “¿Te quedas a comer?”, preguntas a veces. Y esta pregunta, que es tan antigua –porque lo primero que hicimos, como seres civilizados, es inventar sistemas para que la comida fuera una liturgia–, es la máxima expresión de la alegría. “Gracias, señor, por estas viandas”, dicen los cristianos (con todo el sentido del mundo), y yo añadiría: “Y gracias, suegra; gracias, amigo; gracias, chef; gracias, querido; gracias, cuñado; gracias, hermana que no tengo pero que eres tú, por haberlas preparado”. Me muero de ilusión cuando alguien pone la mesa. Me muero de ilusión cuando alguien se levanta temprano para empezar a hacer el caldo. Me muero de ilusión cuando alguien ha elegido un vino; ha pensado que lo abrirá por nosotros. Me muero de ilusión cuando llego a una casa y, tal cual entro, me dan una copa y me sonríen porque he llegado. Feliz Navidad, si tenéis la suerte de tener burbuja.

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