REPORTAJE
Política 12/02/2022

"Con el AVE puedes ir a trabajar a Madrid cada día desde Valladolid"

Día 1: De la cuna de la Ribera del Duero hasta León pasando por la capital odiada por todo el mundo

6 min
Zona conocida como la Acera de Recoletos, cerca de la estación del AVE de Valladolid.
Dosier "Con el AVE puedes ir a trabajar a Madrid cada día desde Valladolid"

Peñafiel-Valladolid-LleóLa primera parada de nuestra ruta es la población de Peñafiel, en la provincia de Valladolid, una de las cunas de la DO de la Ribera del Duero. Se trata de un municipio de 5.000 habitantes, coronado por un castillo con las almenas tan perfectas que recuerda a los modelos de Exin Castillos. Viniendo desde Aranda de Duero se suceden las viñas con unas instalaciones metálicas tan bien alienadas que recuerdan a las defensas nazis de Omaha Beach. En Peñafiel se respira prosperidad. Destaca el edificio de la bodega Protos, diseñado por un premio Pritzker como Ricard Rogers y símbolo de la pujanza de la marca. Los gigantes como Protos conviven con pequeños productores como Rubén Ramos, que tiene una bodega con el mismo nombre con una producción limitada de 60.000 botellas el año. Ramos nos explica que la prosperidad se acaba donde está el límite de la DO. "Aquí a pocos kilómetros hay pueblos que han perdido dos tercios de la población, es muy triste".

Rubén Ramos, agricultor y viticultor, en uno dels terrenos donde cultiva cereal cerca de Peñafiel.
El viticultor Rubén Ramos nos enseña su bodega en Peñafiel, en la Ribera del Duero.

Para entender el carácter adusto de los castellanos debe haberse experimentado el viento frío que te golpea en la cara en los eriales donde se cultiva el cereal. Los tonos son amarillos y de un marrón oscuro que muestra la dureza de esa tierra y de ese clima. "Aquí podemos llegar a los 8 grados bajo cero fácilmente", explica Ramos, quien aparte de tener la bodega es también agricultor, siguiendo la tradición secular de la familia. Con su furgoneta recorremos lo que podríamos definir como la geografía de la oportunidad perdida, la de aquellos pueblos que en 1983 no consideraron necesario formar parte de la DO y que hoy languidecen maldiciendo esa mala decisión. Pueblos como Corrales de Duero o San Llorente, donde apenas quedan algunos campesinos y pastores de ovejas como Pedro, de rostro rojizo y colrado por el sol, que se asusta cuando ve aparecer un fotógrafo. "No, a mí no, ¡hay gente mucho más importante que yo!", exclama mientras grita a sus perros para que hagan entrar al rebaño en el establo.

Pedro, pastor de ovejas, con sus perros en el pueblo de San Llorente, en Valladolid.

Rubén Ramos reconoce que la decisión de dedicarse al vino y comprar viñas dentro de la DO fue un gran acierto. "¿Tú sabes lo que es saber que alguien en Dinamarca está bebiendo tu vino?", afirma contento.

El centralismo de Valladolid

A unos sesenta kilómetros se encuentra Valladolid, capital de la provincia y oficiosa de la comunidad autónoma, ya que en el Estatuto no se fija qué ciudad debe ostentar esta función de forma oficial. Todas las personas con las que hablamos se quejan del centralismo de Madrid. "Es que se han llevado incluso el banco de sangre", se quejará un sindicalista burgalés. Y lo cierto es que Valladolid respira aires de capitalidad, con multitud de edificios oficiales y una economía con importantes empresas de automoción como la Renault o Iveco y ahora espera como agua de mayo la instalación de una fábrica de autobuses de la marca india Switch, que se espera que va a crear 2.000 puestos de trabajo. Cerca de la consejería de Sanidad, donde hemos quedado con el epidemiólogo Nacho Rosell, está situada la Acera de Recoletos, un bulevar con pisos elegantes y un parque, el Campo Grande, por donde deambulan pavos reales. Rosell nos cuenta que cuando tiene una reunión en el ministerio en Madrid solo tiene que salir con una hora de antelación de su despacho, recorrer los 5 minutos que le separan de la estación del AVE, y plantarse en Atocha en 50 minutos. "Desde Valladolid ya puedes ir a trabajar a Madrid todos los días", afirma.

Hemos quedado con Rosell para que nos explique por qué en Castilla y León la pandemia ha hecho tantos estragos, con una mortalidad de las más altas del Estado. "Los motivos son diversos, pero básicamente se debe a que tenemos una población envejecida". "Además –sigue– tenemos mucha gente en residencias, un 2% de la población. Tenemos el 12% de la población residencial de España cuando solo representamos un 5% del total". Este dato me resulta asombroso. ¿Por qué hay tanta gente en residencias en Castilla y León? La respuesta me deja helado. "Porque los hijos están en Madrid o en otro sitio, y entonces o te los llevas contigo o los dejas en una residencia en su lugar de origen". He aquí cómo la despoblación acaba siendo un ingrediente básico de la mortalidad durante la pandemia, cuando las residencias se convirtieron en trampas mortales. "Otro factor que tuvo importancia en el inicio fue que Madrid cerró los centros educativos unos días antes, lo que provocó una estampida de estudiantes hacia todos los rincones de Castilla y León, y el virus con ellos" . Así pues, la realidad de miles de estudiantes que van a realizar la carrera en la capital del Estado también estuvo detrás de la rápida expansión del cóvid en un territorio sobre el papel tan amplio y disperso.

El epidemiólogo Nacho Rosell durante la entrevista en Valladolid.

Rosell, que pese a que el apellido no es catalán, pero sí muy interesado en la cultura catalana, ha vivido muy de cerca la gestión de la pandemia desde su cargo de secretario del grupo de expertos que asesoraba al gobierno. Allí distingue dos fases. Las primeras oleadas, en las que la consejería de Sanidad estaba encabezada por una médico de prestigio fichada por Ciudadanos, Verónica Casado, con restricciones fuertes, y las últimas, cuando el PP impone la vía Ayuso.

Llegados a este punto hay que poner cifras a la tragedia del despoblamiento. Castilla y León pierde una media de 12.000 habitantes al año y ha perdido 156.000 desde 2009. Mientras el conjunto de España crecía un 22% en población en los últimos 35 años, Castilla y León ha perdido un 8%. "No podemos trabajar y vivir todos en el mismo sitio", se quejaba el candidato socialista, Luis Tudanca, en un acto en Madrid el 19 de enero. El caso más dramático es el de la provincia de Zamora, la de menor renta per cápita, que se está vaciando a marchas forzadas. El destino predilecto de este éxodo es Madrid, donde se calcula que hay 400.000 personas nacidas en Castilla y León. El efecto aspirador de Madrid, básicamente de recursos humanos y talento, castiga especialmente a esta comunidad. El propio Rosell aporta un dato definitivo: en los últimos 10 años, solo uno de cada 1.000 nuevos puestos de trabajo que se han creado en España ha sido en Castilla y León. La baja tasa de paro, un 10,3%, es engañosa debido a la fuga de los jóvenes y al alto número de jubilados, según Rosell.

León y la dulce decadencia

Abandonamos Valladolid y nos dirigimos hacia León. A lo largo de la carretera, a ambos lados, se levantan majestuosos molinos de viento gigantes y campos de placas solares. Castilla y León es la comunidad líder en renovables y con potencia eólica instalada, con 238 parques que aportan 6.052 megavatios. Además, de vez en cuando avanzamos tráilers que transportan una gigantesca ala de molino, que también se fabrican aquí. Parece un círculo virtuoso, aunque mañana descubriremos que también hay oposición a los parques eólicos.

Molinos de viento junto a un pueblo en la carretera que va de Valladolid a León.

León es también una ciudad señorial, con una catedral imponente y un barrio de moda para degustar tapas de diseño, el Romántico, y uno para degustar los productos más tradicionales, el Húmedo. Aquí se sienten muy lejos de Valladolid y de Castilla en general. El sentimiento leonesista es fuerte, y se defiende la creación de una comunidad autónoma de León, juntando esta provincia con Salamanca y Zamora, con argumentos que recuerdan al soberanismo catalán. Marginación política y económica y precedentes históricos como nación independiente.

Los números indican que los mejores días de León pertenecen al pasado, pero hay sorpresas escondidas como la sede del Incibe, el Instituto Nacional de Ciberseguridad, que lucha contra los ataques informáticos a las empresas y que se nutre básicamente de licenciados en la Universidad de León. Asimismo, la sensación es de una ciudad inmersa en una dulce decadencia.

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