Las medusas, a la plancha, con un chorrito de aceite, y con tenedor y cuchillo
Asia come de forma tradicional mientras en nuestro país todavía no sabemos qué hacer más allá de soportar su picadura urticante
Si eres de los que se baña y nade en el mar, sabe que hay un miedo contra el que combate: las medusas urticantes, aquellas que pueden dejarle una picadura porque ha intercedido en su paso, mientras se trasladaban por las corrientes marinas. En nuestra casa, la cocinera Carme Ruscalleda pidió permiso para cocinar en la Unión Europea en 2013 y 2014. Ella había comido por primera vez en 2003 en Japón en un restaurante chino, le habían gustado; especialmente la textura, que le habían recordado el cartílago del alerón de un pollo. El gusto también lo destacó, porque era dulce. Y, por si fuera poco, Ruscalleda investigó sus propiedades nutricionales: comer medusas puede bajar el colesterol y mejorar el funcionamiento de las articulaciones, además de conservar con salud la piel y el cabello.
Pese a todos los intentos que hizo la cocinera que ostentó más estrellas Michelin en el mundo, la Unión Europea le rechazó las peticiones. Le respondió que la medusa no formaba parte de la alimentación mediterránea, que es lo que los estudios comprobaban porque en nuestros antiguos textos no aparecía ninguna receta de medusa. La medida tomada se supone que pretendía evitar alergias alimentarias, las que podían aparecer cuando comemos un alimento que nunca hemos comido antes. Aparte, para dar permiso, también habría que realizar estudios de salubridad con su ingesta. Todo, pesado.
Mientras, el científico Arnau Subías, que alimenta la cuenta de Instagram Gastrobio, explica que en Asia hay medusas que se comen de forma tradicional. Algunas se encuentran tanto en el Mediterráneo como en el Pacífico. Es la medusa de luz (Pelagia noctiluca) y la luna (Aurelia auralita). Otros se encuentran en el Mediterráneo y en el Atlántico: el Aiguamala (Rhizostoma pulmo), aquella blanca con un hilo en sus extremos de color lila, y que es altamente urticante. Otra: la medusa huevo frito (Cotylorhiza tuberculata), que algunos bañistas la cogen con las manos para apartarlas; no pican.
De estas medusas, Carme Ruscalleda sabía cómo se podría cocinar el huevo frito, que seguía los pasos de la gastronomía china. Lo enterraba en sal gruesa durante una noche a tres grados; al día siguiente limpiaba su interior y la desalaba. ¿El resultado? Textura de calamar, y gusto marino, como de ostra o de percebe, explicaba la cocinera.