Olèrdola, la ciudad del príncipe rebelde
Con una inversión de más de 400.000 euros, el yacimiento quiere contar el pasado medieval del país


Barcelona"Olèrdola fue, después de Barcelona, la segunda ciudad más importante entre el siglo X y principios del XII, y es el yacimiento desde el que podemos explicar la época medieval", afirma la arqueóloga Núria Molist, responsable del Museo Arqueológico de Olèrdola. A 350 metros por encima del nivel del mar, en una plataforma rocosa desde la que se controla la llanura del Penedès, las cordilleras y el mar Mediterráneo, este yacimiento es uno de los más importantes de Cataluña. Hace décadas que se excava, y es una fuente de conocimiento sobre cómo se vivía en la Alta Edad Media, pero el centro de interpretación, inaugurado en 1971, ha quedado obsoleto. Por ello, con una inversión de 424.861 euros de los fondos Next Generation, en los próximos meses se recuperará parte del castillo, la torre atalaya romana de época republicana, y se renovará completamente la museografía. Para subir hasta la cima de la colina de Sant Miquel todo el material necesario para las obras se utilizó un helicóptero y animales.
El gran crecimiento de Olèrdola corrió paralelo a la expansión hacia el sur y la conquista de nuevos territorios que emprendió el conde Sunyer I de Barcelona-Girona-Osona, que gobernó del 911 al 947. allas romanas e hizo construir el castillo entre el 925 y el 930. No debemos imaginar un gran castillo, porque se utilizaba como centro de gestión administrativa", detalla Molist. El conde Sunyer dio las mejores tierras a familias cercanas o de su linaje, lo que comportó la llegada de nuevos pobladores, que se instalaron dentro de las murallas, y el traslado de la población preexistente y parte de los recién llegados a los barrios que estaban fuera: el de Santa María (Pla dels Albats) y las "cuevas" o abrigos.
Una de las singularidades de este yacimiento es que hay dos necrópolis que se han ido excavando y documentando a lo largo de diferentes campañas y que, más adelante, también deben dar más datos sobre la dieta de su población, si había muchas diferencias entre las clases más acomodadas y las más pobres, o de las que morían. Dentro de las murallas se encuentra la iglesia de Sant Miquel, que fue restaurada entre 2007 y 2008; y fuera murallas, la iglesia de Santa Maria. Hace unos años se pensaba que el cementerio que hay en torno a esta última era sólo de niños, porque había muchas tumbas muy pequeñas. Por eso popularmente se la conoce como la necrópolis del Pla dels Albats.
Las excavaciones, sin embargo, han demostrado que también se inhumaron muchos adultos y que dejó de funcionar tras el ataque almorávide de 1107. "Simplemente las clases acomodadas se enterraban en un cementerio y los que vivían fuera murallas, en el otro", afirma Molist. En ambos cementerios, las tumbas están excavadas en la roca. "Son las primeras documentadas, y por eso durante mucho tiempo a este tipo de tumbas se las llamaba olerdolanes. Ahora se utiliza más a menudo el término antropomorfas, y se han documentado en Escocia, Grecia, Portugal, Sicilia...", explica Molist.
Grandes terratenientes
La orografía escarpada y los desniveles condicionaron el urbanismo, casas, talleres y vías, que se adaptaron al terreno mediante terrazas. El núcleo estaba densamente poblado y las casas se levantaron sobre restos ibéricos y romanos. "Los espacios domésticos eran bastante sencillos, pero sus propietarios eran grandes terratenientes que tenían una economía diversificada: tenían reses, molinos, viñedos, campos de cultivo y de pasto... Algunos iban adquiriendo y ganando tierras y otros que las perdían", detalla Molist.
En las excavaciones se ha constatado que había mucho viñedo y se ha encontrado mucho material relacionado con el consumo y la producción de vino, como los restos de una gran bodega medieval, entre la cisterna romana y el riscal del lado oeste, con dos prensas donde se prensaba uva y de una bodega, que.
"Sabemos que en esa época se bebía mucho más vino que ahora, porque era más seguro que el agua, desde el punto de vista higiénico, y más proteico, pero había mucho excedente", explica la arqueóloga. Desgraciadamente, no se ha podido seguir el rastro de dónde se destinaban esos litros de vino que no se consumían. "Con romanos e íberos es más fácil porque están las ánforas, pero en la época medieval se utilizaron botas de madera o recipientes de piel, que son materiales orgánicos que no perduran; por tanto, no podemos saber dónde se destinaba el vino que no se autoconsumía. Seguramente en Barcelona o también en las tierras de Al-Àndal,"
El declive de Olèrdola comenzó a mediados del siglo XI, tras la revuelta liderada por Mir Geribert. Neto de Borrell II, primo segundo de Ramon Berenguer I y también primo del obispo Guislabert I de Barcelona, heredó Olèrdola y amplió considerablemente su patrimonio con dos bodas. La documentación histórica detalla que "era el noble con más tierras, más derechos y más autoridad de la Marca del Penedès y se autoproclamó príncipe de Olèrdola". No se sabe realmente qué ambicionaba, si crear un condado independiente al sur del de Barcelona, echar al conde Ramon Berenguer I y tomar todo el poder o mostrar su superioridad jerárquica al resto de nobles. Sea como fuere, no salió adelante y acabó sometiéndose al conde. Fue obligado a compensarle con tierras y dinero, ya jurar fidelidad. Mir Geribert y su hijo terminaron muriendo en Tortosa, en una expedición militar contra el castillo de Móra d'Ebre.
Olèrdola acabó despoblándose. En parte también porque la población prefirió vivir a menor altura y más cerca de las vías de comunicación y se acabó trasladando a la actual Vilafranca del Penedès.