De toda la vida

Las hortensias preciosas de la Floristería Olimpia

El negocio familiar de flores de la ronda San Pablo de Barcelona que hoy regenta Raquel Riba fue ocupado anteriormente por el Circ Olympia

Las propietarias de la florestería Olimpia fotografiadas frente a la tienda.
05/09/2025
4 min

La historia de una ciudad no te la acabas nunca. Hoy, en la esquina de la ronda de Sant Pau con la calle de Aldana en Barcelona se encuentra la Floristería Olimpia. Está ahí desde 1939. ¿Sabéis qué había antes? El fabuloso Teatro Circo Olympia, un edificio fastuoso que fue derribado en 1947 porque interesaba poder aprovechar la gran cantidad de hierro que contenían sus estructuras.

"El dinero, siempre el dinero", recuerda Pepita Embid, que hasta hace seis años regentó la floristería que había heredado de sus padres, que le habían heredado de su abuela, Francisca Gimeno, la fundadora del negocio en 1939. Pepita y Raquel el Olymplia, un precioso edificio que programaba espectáculos de todo tipo: payasos, fieras, trapecio, revista, teatro, etc. En una de las puertas laterales, Francisca –que acababa de vender flores en la Rambla– instaló la primera ubicación de la floristería. Allí estuvo hasta 1947, año del derribo. Y hasta 1960 ocuparon un pequeño local justo en frente, hasta que pudieron volver, ya al nuevo edificio, a la ubicación que la tienda ocupa hasta el día de hoy.

"La florista de los artistas". Éste es el cariñoso nombre que Francisca conservó toda la vida. Y vivió más de cien años, recuerda con emoción su nieta. Un miembro de los famosos Vieneses, la compañía de teatro y musicales de los años cincuenta y sesenta –quizás Arthur Kaps, quizá Franz Joham–, era cliente habitual del Olimpia, y le gustaba deshojar los claveles que compraba a Francisca y comerse el centro, que sabe dulce. Francisca aún conserva hoy en su monedero una pequeña foto de su abuela con su padre frente a una de las puertas de la vieja floristería. El oficio ha estado en su interior toda la vida: "Piensa que tuve una cuna que era una cesta de flores".

Raquel cogió el negocio hace seis años, cuando Pepita se jubiló. La historia es hermosa. La suegra de Raquel y Pepita eran compañeras de escuela y un día, cuando la propietaria ya planificaba el retiro, se produjo la conexión: "A mi nuera quizá le interesaría continuar". Y así fue. A Raquel, el arte floral siempre le había llamado la atención, y había hecho cursillos. Y un año trabajando juntas fue el tráfico hasta el momento presente. Pero, a ver, ¿en qué consiste el oficio de florista, qué particularidades tiene, cuál es su personalidad especial?

Pepita lo tiene claro: es esclavo, atractivo, dulce y nervioso. El último calificativo está estrechamente vinculado con los festejos, aquellos días señalados en el calendario que están indefectiblemente relacionados con la flor. En esencia, Sant Jordi, el Día de la Madre y el Día de los Enamorados. También las fechas navideñas, hoy tironeadas como un chicle, entre finales de noviembre y el 24 de diciembre. Antes, concentradas entre el 8 de diciembre y el día de Navidad. Pero, claro, antes todo era algo diferente, explica Pepita: "¡Piensa que trabajábamos incluso el día de Navidad!"

Floristería Olimpia
Floristería Olimpia

Cultura de la flor

La cultura de la flor también era distinta. Era habitual que la gente se guardara una porción del presupuesto semanal para comprar flores para arreglar la casa, al igual que compraba comida y todo lo necesario para la vida cotidiana. "Para muchas personas, las flores en casa son sinónimo de alegría, optimismo, energía, buen rollo". Ahora esto ya no es tan así, dice Raquel. Su clientela es variada. Sí que hay gente fiel que realiza este tipo de compras, pero sobre todo son extranjeros y los famosos expados: "En el extranjero conservan mucho más esta cultura de las flores como adorno casero". Aproximadamente un 80% de las ventas son regalos para días señalados –las fiestas, pero también los cumpleaños y la pareja– y no para uno mismo.

Una foto de Francisca, fundadora de la Floristería Olimpia.

A Raquel, como hacía Pepita, le gusta tener flor de temporada, aunque ahora, gracias a los invernaderos, se puede disponer de todo tipo de variedades durante todo el año. "Los tulipanes son de invierno, y no me gusta tenerlos en verano, porque al cliente le durarán muy poco. ¡Ahora las hortensias están preciosas!" La reina, como toda la vida, es la flor fresca, y también las plantas, pero desde que se hizo cargo del negocio, Raquel ha hecho también una importante apuesta por la flor seca. También ofrecen transporte y jardinería a domicilio y mantenimiento floral en hoteles y oficinas. Antes, en tiempos de Francisca y su familia, trabajaban también las decoraciones de Navidad y Todos los Santos, las coronas funerarias y las bodas; esto último Raquel aún lo conserva.

¿Y qué hacemos con Sant Jordi? A ellos les va muy bien, tienen una clientela fidelísima, rosas de autor y el oficio para ofrecer servicio y producto de máxima calidad. Pero fruncen un poco la nariz con tanto intrusismo y competencia desleal. Y da un dato: por Sant Jordi se venden entre seis y siete millones de rosas, y sólo dos millones se venden en las floristerías.

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