Y ahora, Groenlandia
Al principio, hace unos meses, pareció una boutade trumpista más. Pero no, la cosa iba en serio. Y ha ido cogiendo cuerpo. Ya hace días que va creciendo en serio la amenaza de Estados Unidos sobre la soberanía de Groenlandia, una región autónoma dentro del estado danés. Ahora, justo después de deponer militarmente al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, la insistencia del gobierno de Washington en este territorio estratégico no puede ser leída desde Europa sino como un nuevo desprecio, por no decir un desafío directo.
Apenas hace dos semanas, el presidente estadounidense, Donald Trump, designó a un enviado especial para Groenlandia, Jeff Landry, gobernador de Luisiana, con la misión explícita de "convertir Groenlandia en parte de Estados Unidos". Ahora la Casa Blanca ha vuelto a reiterar sin tapujos sus intenciones. "Nadie luchará militarmente contra Estados Unidos por el futuro" de Groenlandia, ha dicho, con tono entre desafiante y burlón, el subjefe de gabinete de Trump, Stephen Miller. "Somos una superpotencia y, bajo el presidente Trump, nos comportaremos como una superpotencia", remarcó por si a alguien no le había quedado claro.
Pero esta vez los líderes europeos, se hayan sentido intimidados o no, sí que han reaccionado con celeridad y claridad. "Groenlandia pertenece a su pueblo. Es responsabilidad de Dinamarca y Groenlandia, y sólo de ellas, decidir sobre los asuntos relacionados con Dinamarca y Groenlandia", dice la declaración de los líderes de Francia, Alemania, Italia, Polonia, España y Gran Bretaña, además de Dinamarca. No es un texto de confrontación, pero ha sido rápido y diáfano.
La verdad es que la situación tiene un punto de kafkiana. ¿Cómo puede Estados Unidos insinuar que puede controlar militarmente Groenlandia, un territorio que pertenece a la propia OTAN? Con una cruda lucidez, la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, ya advirtió el lunes de que esto supondría cargarse directamente a la Alianza Atlántica. ¿Qué sentido tiene que el líder de esa alianza sea la principal amenaza para la integridad de uno de sus países?
Sin duda, una vez más Trump está poniendo a prueba la debilidad y capacidad de humillación de Europa. En realidad no cree que sus históricos aliados del Viejo Continente sean capaces de pararle los pies por Groenlandia. Y sabe que le necesitan con Ucrania, como también este martes se ha visto con el anuncio de acuerdo de garantías de seguridad para la futura paz. En cualquier caso, con Ucrania y Groenlandia en juego, a Europa le está llegando la hora de la verdad; la hora de decidir qué quiere ser cuando sea mayor, es decir, si realmente se siente capaz de decidir y defenderse por sí misma, sin depender del antiguo amigo americano, un amigo cada vez menos fiable. Por supuesto, aparte de las decisivas implicaciones militares, hay otras muchas en el terreno económico. No en vano, tanto en términos de seguridad como de riqueza mineral, Groenlandia y Ucrania son dos regiones cruciales.
Si seguimos con esta permanente e imprevisible aceleración trumpista, el 2026 puede ser un año decisivo en la reconfiguración del mapa geopolítico mundial, en especial del área occidental, donde el presidente estadounidense está cambiando cada día el tablero de juego.