Accidente nuclear
Internacional 13/04/2021

Japón verterá al océano Pacífico un millón de toneladas de agua de la central nuclear de Fukushima

Los pescadores locales, los grupos ambientalistas y los países vecinos alertan del riesgo ambiental

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Tancs de agua de la central de Fukushima, en un imagen tomada el año pasado.

BarcelonaEl gobierno de Japón ha decidido abocar al Pacífico un millón de toneladas de agua radioactiva que están almacenadas en la central nuclear de Fukushima desde el accidente de 2011. Tanto las asociaciones de pescadores niponas como los países vecinos ya han puesto el grito en el cielo. Lo ha confirmado este martes el primer ministro, Yoshihide Suga, en una reunión de gobierno en que ha considerado que es "la opción más realista" y una decisión "inevitable para conseguir la recuperación de Fukushima".

Tepco, la compañía eléctrica que gestiona la planta, asegura que los vertidos no son peligrosos porque el material radiactivo, el tritio, no provoca daños en pequeñas cantidades y que los otros materiales ya se han tratado. "El gobierno japonés ha seguido políticas básicas para liberar el agua procesada al océano, una vez garantizados los niveles de seguridad del agua, y a la vez tomará medidas para evitar un daño reputacional", ha dicho Suga. Los vertidos empezarán dentro de dos años y se calcula que el proceso se alargará durante décadas. Tokyo insiste en calificarla de agua "tratada" y niega que esté "contaminada".

"En la planta de Fukushima se usó mucha agua para enfriar el reactor en el momento del accidente. Este agua está muy contaminada y durante estos diez años se ha permitido que la contaminación radiactiva se desintegrara poco a poco. Y el resto se ha filtrado. Pero uno de los radinúcleos que quedan es el tritio, un isótopo del oxígeno que forma parte de la molécula de agua y por eso no se puede eliminar. El tritio tarda aproximadamente 100 años en desintegrarse y lo que ha decidido Tepco es diluirla vertiéndola poco a poco al mar, dentro de los límites legales", explica al ARA Jordi Garcia-Orellana, Jefe de la Unidad de Física de las Radiaciones del Departamento de Física de la UAB, experto en radiactividad ambiental. "La central nuclear de Ascó hace lo mismo en el río Ebro: es un procedimiento habitual en cualquier planta nuclear, que tienen circuitos de refrigeración y en todas se genera agua radiactiva", añade. "En principio, si la cantidad de radioactividad que se aboca al mar está dentro de los límites establecidos no tiene que haber peligro. Allá hay una corriente oceánica que viene del sur y va hacia la zona de Hawaii y se llevará las aguas de la central hacia el centro del Pacífico. También partimos de la base que la limpieza del agua se ha hecho bien y que solo queda tritio, que además se acumula muy poco en el organismo", añade. "Aumentar el número de tanques o vaciar los que tienes es una decisión política".

Críticas de China y Corea del Sur

China ha criticado el plan, que tilda de "extremadamente irresponsable" y en un comunicado alerta que "causará un serio daño a la salud pública internacional y a los intereses vitales de la gente de los países vecinos". Por su parte, Corea del Sur ha llamado a consultas al embajador nipón y ha dicho que "se opone firmemente" a la decisión. El Consejo de la Energía Atómica de Taiwán se ha expresado en el mismo sentido. En cambio, los Estados Unidos han apoyado a Tokyo y dicen que su decisión ha sido "transparente".

Los grupos ambientalistes también han criticado el plan de vertido, que, para Greenpeace "vulnera totalmente los derechos humanos y los intereses del pueblo de Fukushima, de Japón y de la región del Pacífico". Los ecologistas consideran que "en lugar de utilizar la mejor tecnología disponible para minimizar los peligros de la radiación almacenando y procesando el agua a largo plazo ha optado por la opción más barata" y aseguran que la decisión "es una violación de las obligaciones legales de Japón en virtud de la Convención de Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar".

"Es la peor de las opciones que tenían: supone lanzar al océano sustancias radioactivas que lo continuarán siendo durante miles de años. Y supone un riesgo para el medio ambiente y para la población, no solo de Japón sino también de los países vecinos", explica al ARA Jose Luís Garcia, responsable de Energía de Greenpeace. "El tratamiento no elimina del todo sustancias pesadas como el tritio, el cesio, el estroncio o el plutonio, que tienen una vida muy larga. Es falso que el agua esté limpia. Y supone una amenaza por la vida de las personas: allá no se podrá volver a pescar porque es una amenaza para la salud pública". La entidad defiende que la alternativa menos nociva para el medio sería dejar el agua residual donde está y continuar construyendo depósitos de residuos: "no es una buena solución, es la menos mala, el problema de la energía nuclear es que genera un problema de residuos que no tiene solución", añade. "Igual que el país más desarrollado del mundo no ha tenido capacidad para evitar el accidente, tampoco la tendrá para tratar las consecuencias. No se han aprendido las lecciones del accidente de Fukushima: no hay ningún plan realista de desmantelamiento. Fukushima demuestra el fracaso absoluto de la energía nuclear. Y lo que hay que hacer es eliminarla lo más pronto posible, porque es muy peligrosa y genera problemas sin solución".

Protesta de un grupo ambientalista en Seúl, con una careta del primer ministro japonés Yoshihide Suga.

En Fukushima hay 1,25 millones de toneladas de agua contaminada, entre la que había en los reactores, la que se utilizó para enfriarlos después del accidente y el agua de lluvia y subterránea. Según el gobierno, el agua se filtrará para extraer los isótopos peligrosos y se diluirá hasta lograr los estándares internacionales antes de verterla. Actualmente el agua está almacenada en un millar de tanques y cada día se añaden 140 toneladas más, de forma que según los cálculos se quedarán sin espacio para este otoño. La empresa ha amenazado con abandonar la planta si tiene que continuar construyendo más tanques.

Aval internacional

La decisión de Japón tiene el apoyo del Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA), que avala técnicamente el plan del gobierno japonés. La agencia asegura que las centrales nucleares de todo el mundo usan un proceso similar para deshacerse del agua residual. Según los expertos, el tritio solo es contaminante en altas dosis, pero cuando está muy diluido no presenta ningún peligro detectable.

"La cuestión de fondo es que trabajamos con una energía que genera unos problemas que ahora no podemos resolver: igual que no sabemos cómo tratar los residuos, y los vamos acumulando hasta que alguien encuentre una solución, en un accidente se genera un problema de agua contaminada. Y ahora el riesgo principal son los compuestos radioactivos, porque aunque el tritio tiene una vida muy corta, no está claro que después del filtratge no queden también otros componentes. Y el vertido puede tener un impacto sobre la pesca, que según como vayan las corrientes puede afectar a los países vecinos. Estos países pueden alegar que no se está respetando el derecho del mar, y poner en marcha un litigio", apunta al ARA Antoni Pigrau, Director del Centro de Estudios de Derecho Ambiental de Tarragona.

La oposición de los pescadores

Pero para los pescadores locales la decisión del gobierno puede echar por tierra una década de esfuerzo por recuperar la confianza de los consumidores en su producto. "Nos dijeron que no verterían el agua sin el consenso de los pescadores", ha dicho Kanji Tachiya, portavoz de las cofradías de Fukushima en la cadena pública NHK. "No podemos aprobar esta decisión unilateral". Para los pescadores la celebración de los Juegos Olímpicos de Tokyo, pospuestos hasta este verano por la pandemia, tenía que ser un paso más en el retorno a la normalidad una década después del accidente.

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