Internacional 27/01/2021

La UE, en manos de unas farmacéuticas que no cumplen los acuerdos

La Comisión pedirá este miércoles nuevas explicaciones a AstraZeneca sobre el retraso en la entrega de las vacunas

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Imagen de archivos de uno de los laboratorios de AstraZeneca

Bruselas / LondresLa Comisión Europea está en el punto de mira, ya que es la única responsable de la compra de las vacunas para que las dosis lleguen a los 27 socios europeos. Pero solo Bruselas y, por ejemplo, AstraZeneca saben qué condiciones pactaron en unos contratos que son secretos, también para el resto de las farmacéuticas con la excepción parcial del firmado con CureVac.

En un terreno adobado por la falta de información, las dudas sobre la gestión europea –con un ritmo de vacunación muy lento– se abren fácilmente camino, sobre todo después de que AstraZeneca, fabricante de la vacuna de Oxford, informó el pasado viernes de que no cumplirá los compromisos de entrega de las dosis pactadas para el primer trimestre de este 2021. En Bruselas el malestar es inmenso.

Por eso, la Comisión ha elevado el tono ante el conjunto del sector farmacéutico y ha anunciado la creación de un mecanismo de transparencia para que los laboratorios que producen en Europa estén obligados a informar antes de exportar dosis fuera de la UE. Un mecanismo que definirá a finales de esta semana y que busca, a posteriori, unas garantías que en el único contrato que se ha conocido públicamente, aunque que sea de forma parcial, el de CureVac, como ya se ha apuntado, no aparecen. Un portavoz de la Comisión se ha negado este martes a responder si el contrato de AstraZeneca es similar, y tampoco fija ninguna sanción en caso de retrasos en la llegada de las vacunas.

Suecia amenaza con no pagar a Pfizer

En todo caso, está por ver si la UE tomará el ejemplo de Suecia, que hoy ha anunciado que paralizaban los pagos a la farmacéutica estadounidense Pfizer hasta que se aclare la cuestión del número de dosis de la vacuna contra el coronavirus que se pueden extraer de sus viales. Inicialmente, dijo que había 5 en cada uno. Pero la Agencia Europea del Medicamento recomendó actualizar la información para especificar que cada vial contiene hasta seis si se usa el material adecuado, una más de las cinco que estaban aconsejadas hasta ahora. La farmacéutica actualizó la ficha técnica explicando que para conseguir la sexta dosis se deben utilizar jeringas "que no dejen un volumen muerto significativo". Empezó a calcular los envíos de vacunas contando la dosis extra. Dado que el precio que paga la UE (12 euros) es por dosis, no por vial, con menos viales obtiene un aumento de lo que ingresa del 20%. La Agencia de Salud Pública sueca (FHM) instó a la Comisión Europea (CE) y Pfizer a llegar a un acuerdo que aclare la situación. "Mientras esto no ocurra, hemos dicho a la compañía que debemos esperar con las facturas que haya hasta que esté claro qué es lo que rige", dijo al diario Dagens Nyheter el epidemiólogo jefe sueco, Anders Tegnell.

"Europa ha invertido miles de millones para desarrollar las primeras vacunas de coronavirus, ahora las compañías tienen que cumplir sus obligaciones", ha espetado la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, en su intervención este martes en el Foro Económico de Davos, en la que ha reivindicado que es trata de una cuestión de "negocios", no de proteccionismo.

De fondo, la sospecha de que la anglosueca AstraZeneca ha vendido a países terceros dosis de su vacuna cuando al mismo tiempo asegura no poder cumplir con las entregas pactadas con la UE. Una sombra de duda que el director ejecutivo de la compañía, Pascal Soriot, ha desmentido categóricamente esta tarde en una entrevista que han publicado varios medios de prensa escrita europeos.

En cualquier caso, Bruselas le ha reclamado explicaciones ya en dos reuniones este lunes, y en una tercera que tendrá lugar hoy. El ejecutivo comunitario dice que hasta ahora las respuestas obtenidas no son satisfactorias. Los argumentos del laboratorio anglosueco se han limitado a la explicación "de problemas técnicos" en la cadena de producción en Europa.

Al principio de la pandemia, Bruselas ya activó un mecanismo para supervisar las exportaciones de material médico fuera de la UE ante la escasez de productos, entonces en pleno debate sobre la necesidad de una Europa con más "autonomía estratégica".

Por otro lado, desde el Reino Unido se acusa a la UE de querer "prohibir" las exportaciones de vacunas, cosa que Bruselas niega: "No queremos imponer una prohibición en las exportaciones o restricciones, es principalmente un mecanismo de transparencia, para aportar claridad sobre la capacidad de manufactura", ha afirmado este martes el comisario Valdis Dombrovskis.

La campaña de vacunación

En agosto, la Unión pactó con AstraZeneca 300 millones de dosis, ampliables a 400. Con Pfizer, el acuerdo inicial era de 300 millones de dosis, ampliables a 300 más.

AstraZeneca tenía que entregar 80 millones de dosis de la vacuna de Oxford hasta finales de marzo, una vez fuera aprobada por la Agencia Europea del Medicamento (EMA), una circunstancia que presumiblemente se producirá el próximo viernes, 29 enero. Aunque con posterioridad al jarro de agua fría que ha supuesto el anuncio de AstraZeneca ningún responsable de la farmacéutica ha cuantificado el impacto de los problemas de fabricación, la agencia Reuters informó de que "las entregas se reducirían a 31 millones de dosis [el 60% menos en relación con las previsiones iniciales]".

El objetivo de la UE es tener al 70% de la población vacunada hacia finales de verano. Pero cada vez se hace una misión más imposible, tanto por los retrasos de AstraZeneca como por el retardo de las entregas de Pfizer/BioNTech, que ha reducido el volumen de viales que enviará durante el mes de febrero, en este caso una circunstancia atribuible a los trabajos de ampliación de la capacidad de producción de la planta de Puurs, en Bélgica.

Hasta ahora, la UE solo ha vacunado a menos de dos ciudadanos de cada cien. Por el contrario, el Reino Unido ya ha inyectado la primera dosis al 10% de la población. Entre otras razones, la diferencia está en la variación del calendario de aprobación de las vacunas. Los británicos empezaron la campaña el 8 de diciembre. La UE, el 27. Londres dio la luz verde a la vacuna de Oxford el 30 de diciembre. La EMA, como ya se ha apuntado, lo hará el próximo viernes.

Pero el analista Rasmus Bech Hansen, consejero delegado y fundador de Airfinity, una compañía con base en Londres que analiza datos científicos y que los recoge sobre el proceso de vacunación en todo el mundo, asegura que el problema no es, solo, de calendario, sino también de inversión y previsión. "En comparación con la Unión Europea, el Reino Unido ha invertido antes y per cápita en producción y en ensayos clínicos hasta siete veces más", aunque asegura que justamente por la opacidad de los contratos, tanto los de la UE como los del Reino Unido y los Estados Unidos, es imposible saber las cantidades exactas que han destinado los diferentes gobiernos.

Sí se sabe, sin embargo, que la UE ha comprado a Oxford/AstraZeneca la dosis a un precio más barato (1,78 euros) que el Reino Unido o los Estados Unidos, que aportó a la farmacéutica 1.200 millones de dólares para aumentar su capacidad de producción. Otro de los errores estratégicos de la UE, de acuerdo con la versión que da Bech Hansen, es que apostó inicialmente por un caballo –la vacuna de Sanofi/GSK– que ha quedado muy atrás en la carrera. Un retraso que impacta directamente en la capacidad de producción comunitaria, porque es Sanofi quien tiene más en la Unión y no Oxford/AstraZeneca. La anglosueca puede producir en la planta del Reino Unido hasta 300 millones de dosis anuales (80 comprometidos ya con el Reino Unido para el 2021) y en la India (Serum Instituto), la factoría con más capacidad del mundo, mil millones de dosis. En principio, sin embargo, las que salgan de la India o bien se quedarán ahí o bien irán a Brasil, Argentina, la República Dominicana, el Salvador, México y Marruecos, países donde el pasado 6 de enero, bastante antesque en la UE, se aprobó esta vacuna.

La Comisión Europea, pues, tiene un serio problema: está entre la espada de una pandemia que no da tregua y la pared de unas farmacéuticas que quizás han prometido más de la cuenta, más de la capacidad que podían ofrecer. La opacidad de los contratos, de momento, impide hacer el escrutinio de quién o por qué la vacunación en los Veintisiete está en peligro.

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