La última: Abascal gana por la planta y el pecho hinchado
El periodismo es un territorio de fronteras finas y porosas. Y, así, la distancia entre "Hagamos una pieza para entender quién vota tal opción" y "Hagamos una pieza que refuerce nuestro relato editorial" a menudo resulta invisible. El Mundo hacía hoy un artículo que era un involuntario homenaje a Berlanga. Se titulaba "Lluvia de votos a Vox por "la planta de Abascal" y su defensa del "toro y la caza"" y era una inmersión antropológica en el deep Teruel donde la ultraderecha casi ha doblado su soporte. La mayoría de citas que se elevan del plano de la anécdota a la categoría pertenecen a media docena de personas que, curiosamente, o no, ofrecen un relato coral pero perfectamente armonizado. Alguna tesis es interesante, como cuando uno suelta que se trata del movimiento simétrico al de la Transición, con los jóvenes de familias adineradas votando al PCE. Pero el resto son estampas pintorescas con frases de prosa pomposa digna de Pérez-Reverte ("Aquí Vox no es tanto un partido como Santiago Abascal en carne, barba y carretera secundaria", "los toros son un punto de reunión en pueblos donde, a veces, reina el silencio y la soledad") o, directamente, deLos mundos de Yupi: "No cree que el voto a Vox se deba a un racismo del mismo pueblo contra la población extranjera que trabajan y aprecian". Claro, por eso el partido ha convertido la mano dura con la inmigración en su principal reclamo electoral.
La pieza no incluye ninguna referencia al impacto de las redes sociales –se ve que en Teruel no deben llegar, sólo los toros– y hay un nulo análisis sobre la fascinación por los sistemas neoautoritarios entre los jóvenes o la nostalgia por un franquismo que no vivieron. Un joven te dice, entre risas según recoges en el artículo, que Abascal gana por llevar el chaleco bien tenso y tú lo colocas al titular y atribuyes a ese déficit de talla el efecto de una "lluvia de votos". Todo muy normal.