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Sociedad  /  Educación 15/09/2022

Enseñar historia en vídeos de menos de un minuto

Cada vez hay más profesores que se adentran en TikTok para explicar parte del contenido de sus materias

4 min
TikTok: la red  social del confinamiento

BarcelonaEl videoclip de la canción As it was, de Harry Styles, está lleno de referencias a obras de artistas como Miguel Ángel o Alexandre Cabanel. Un hecho que llamó la atención de los creadores de contenido cultural de la red TikTok, que lo explicaron a través de esta plataforma y que, a su vez, sirvió a Gina Driéguez, profesora de secundaria y bachillerato del Instituto Jaume Balmes del Hospitalet de Llobregat, para profundizar con sus alumnos en el temario de historia del arte hasta el punto que acabaron haciendo un proyecto similar con un videoclip de la cantante Rosalía. “Después de dar clase, les pongo estos vídeos. A los alumnos les hacen gracia y a mí me sirven para complementar la materia", explica Driéguez. Ella misma es una gran consumidora de TikTok e Instagram porque le parecen una gran fuente de recursos para el aprendizaje y sigue cuentas como la del Museo del Prado (@museodelprado), El Arte Pop (@elartepop) y la Galería de los Uffizi (@uffizigalleries), que relacionan curiosidades artísticas, arte y actualidad.

TikTok se convirtió el año pasado en la aplicación más descargada en el mundo. Se basa, principalmente, en compartir miniclips musicales. Como Driéguez, que el curso pasado impartía la asignatura de historia del arte, algunos docentes han reconocido el potencial y también la utilizan en el aula como parte de su estrategia educativa. “Intento conectar con los alumnos y crear recursos mnemotécnicos sobre aquello que explico, para que les sea más fácil recordarlo y para que esté relacionado con lo que ven en su día a día. Además, con el temario que tenemos, no hay tiempo para ver documentales. Los vídeos de TikTok son cortos y me permiten seguir explicando después el temario o profundizar sobre aquello que ven”, argumenta Driéguez, que también tiene un canal de divulgación histórica en la misma red. La estrategia funciona porque los alumnos se dan cuenta de que después pueden relacionar aquello que han aprendido con otros contenidos que encuentran en Instagram o en el mismo TikTok.

De hecho, hay molidas cuentas de TikTok que tienen detrás docentes que han dado el salto al otro lado de la pantalla para compartir contenido con los alumnos, que ahora también se han convertido en sus seguidores. Es el caso también de Alejandra Hernández, que es profesora de Geografía e Historia en Secundaria y Bachillerato en la Comunidad de Madrid. Tiene más de 70.000 seguidores en el canal @tcuentounahistoria desde el cual explica curiosidades y aspectos de la historia que no se enseñan en clase. “Una clase magistral no les sirve de nada. Se pueden quedar con los primeros diez minutos, pero después desconectan”, relata. Con sus vídeos, Hernández ha detectado que a algunos alumnos se les ha despertado la curiosidad por la historia, puesto que le piden resúmenes por TikTok de temas que han dado en clase pero también que, con estos vídeos, les explique más cosas sobre personajes históricos que les han llamado la atención. “Al final, ellos son consumidores de cápsulas de sesenta segundos y es lo que les gusta. Es la cultura de la generación de la inmediatez, que lo quieren todo de forma rápida y fácil, y este tipo de vídeo se lo pone en bandeja”. Explica que en primero de ESO hizo que fueran los mismos alumnos los que explicaran los emperadores romanos a través de la red. Lo hicieron con imágenes de estos personajes pero con los ojos y la boca de los alumnos superpuestas a través de los efectos que permite la aplicación. “No los expones, pero les enseñas a hacer un uso responsable de esta red social. Y aprenden, porque antes de hacer estos vídeos tienen que investigar”.

“Tenemos que ir viendo cómo estar y cómo coger estos contenidos de más calidad y servirlos en bandeja a los alumnos. Tenemos que conseguir que en estos espacios también estemos los docentes, no solo creadores de contenidos”, expone Roger Martrat, profesor de catalán en Secundaria y que también usa la red en el aula. El curso pasado, para trabajar la crítica literaria, propuso a sus alumnos que en lugar de hacerla por escrito, la hicieran en formato de vídeo de TikTok. “Pensé que sería una buena manera de animarlos. Al fin y al cabo, se pasan el día en esta aplicación”. Afirma que no deja de enseñar nada de la materia por hacer estos vídeos, pero reconoce que, al hacer estos ejercicios con el lenguaje de los jóvenes, todo se resignifica. El objetivo de Martrat es que sus alumnos sean críticos y estas prácticas son una buena manera de conseguirlo, especialmente con aquellos contenidos que corren por las redes sin aportaciones educativas.

De demonio a ángel

Pero no todos los profesores apuestan por introducir este tipo de aplicaciones en el aula. Los hay que se muestran reticentes y no las consideran una aportación positiva, a pesar de que otros, como Martrat, indiquen que la clave está en aprender a dominarlas. “La tecnología y las redes sociales son herramientas. Si no las sabemos utilizar, lo haremos mal siempre. Tenemos que tener claro para qué sirve una red social desde un punto de vista educativo y formar a los futuros maestros, así como a las familias y a los profesores en ejercicio para que hagan un buen uso”, indica Mercè Gisbert, catedrática de tecnología educativa del departamento de Pedagogía de la Universitat Rovira i Virgili. Señala que la tecnología se considera “una especie de demonio” y que, en general, se pierde más tiempo definiéndola así que buscando estrategias para educar a la gente a usarla bien. Considera que el problema fundamental es que la tecnología y las redes sociales son herramientas muy abiertas, mientras que la estructura del sistema educativo es muy cartesiana, muy ordenada. “Cada vez hay más centros con proyectos innovadores e integradores, pero todavía hay muchos en los que todo está más parcelado. Esto choca con la realidad y todavía no lo hemos acabado de resolver. Y de la competencia digital hablamos, pero no la incorporamos de facto al proceso formativo. Hay mucho trabajo por hacer”, reconoce.

Tok-tok... ¿Quién es?

Cuando empecé como profesor envidiaba que las nuevas tecnologías no hubieran llegado cuando yo era alumno. Hacer los trabajos a mano o con la máquina de escribir era menos alentador. Los profesores arrastraban unos armarios enormes con ruedas dentro de los cuales había una televisión con un reproductor de cintas de vídeo. Las pizarras solo eran de tiza y a veces se nos proyectaban transparencias en unas hojas de plástico. Tampoco íbamos con tinteros ni nos castigaban con los brazos en cruz, pero, sinceramente, la tecnología ha cambiado completamente el aspecto y la manera de trabajar de las aulas. En el fondo, lo que tenemos que aprender se mantiene bastante intacto, porque hay conocimientos que no podemos ignorar. Creo que tanto a los alumnos como a los docentes nos gusta trabajar con la tecnología actual y ninguno querría dar marcha atrás. Pero también hay que decir que antes solo te podía distraer una mosca y ahora lo más complicado es concentrarse. Todo es peligrosamente distraído y se exige la diversión como motivación final para el aprendizaje. La brevedad y la inmediatez son elementos que definen a una generación de alumnos nacidos en un mundo rápido y sin paciencia. No niego que los segundos que nos permiten un TikTok puedan ser tan trepidantes como efectivos. Pero no solo tenemos que alimentarnos, también tenemos que saber digerir lo que comemos. Y digerir (asimilar) pide tiempo y tranquilidad. Nos llegan alumnos en primero de la ESO con informes de primaria donde remarcan que sufren graves adicciones a las pantallas. Lo veo también con mis hijos. Los nuevos currículums han alejado a los docentes de la transmisión de conocimientos y nos han convertido en acompañantes del autodescubrimiento. Bueno, en el fondo el que quiere aprender se espabila, por eso los alumnos aplicados buscan vídeos donde, en pocos minutos, se les explica bien claro todo aquello que no han entendido en clase. Es, a través de la modernidad, la clase magistral de toda la vida.

Xavier Gual, escritor y profesor

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