Los interrogantes (y las certezas) que deja la operación de Trump en Venezuela

Una persona muestra un retrato de Nicolás Maduro en una manifestación en contra del ataque estadounidense.
Hugo Prieto
05/01/2026
4 min

La operación militar ejecutada por el gobierno estadounidense deja abiertas grandes interrogantes y aclara algunas cosas. Empecemos por decir que el verdadero interés del gobierno de Donald Trump siempre fue tomar el control de las riquezas petroleras de Venezuela. También ha dejado claro en su rueda de prensa en Mar-a-lago, Florida, que los Estados Unidos “manejarán” el país a partir de este momento. Al tiempo que la “extracción” de Nicolás Maduro, como un procesado por narcotráfico, se inscribe como un asunto estrictamente jurídico, sin que tenga validez o consideración política su condición de gobernante de facto de Venezuela.

El presidente Donald Trump ha dicho que los venezolanos robaron instalaciones y riqueza petrolera de Estados Unidos. En realidad, Trump incurre en una falacia. La nacionalización petrolera se materializó en 1976, bajo la presidencia del expresidente Carlos Andrés Pérez. A las empresas estadounidenses se les pagaron total y completamente los activos que tenían en el país. Quizás se sintieron maltratados, pero nunca fueron robados

El régimen dictatorial y autoritario de Nicolás Maduro generó una crisis a escala regional. Una diáspora de ocho millones de personas dispersas por el mundo, un manejo corrupto de los recursos del país y una concentración del poder que contradice normas elementales de la democracia. Un millar de presos políticos y centros de detención donde se violaron derechos humanos elementales. Este drama humanitario es quizás la arista más profunda de la crisis venezolana. Familias divididas, separadas y rotas emocionalmente. Migrantes cada vez más rechazados en países vecinos. Y todo esto en el otrora país más rico de América Latina. Ha sido una devastación en toda regla.

El chavismo también fracasó como forma de organización social. En 2017, en medio de una pavorosa crisis económica, marcada por una hiperinflación, una reducción brutal del Producto Interno Bruto y un desabastecimiento de alimentos y medicinas produjo una respuesta totalmente individualista, echando por tierra el discurso del chavismo, cuya narrativa giraba en torno a una nueva conciencia colectiva. Nada de eso ocurrió. El comercio informal, consentido por el gobierno de Maduro, en puntos estratégicos de la ciudad, se cebó con el bolsillo de los venezolanos, al venderse los productos de primera necesidad a precios exorbitantes.

Las crisis económicas son siempre las que activan las alarmas. Avisan el descalabro que está por llegar. Venezuela no fue la excepción. La política de expropiaciones, el Estado empresario, el control de sectores estratégicos, entre otros la banca, el hierro y el aluminio, las telecomunicaciones, importantes sectores agrícolas, se convirtieron muy pronto en focos desorbitantes de corrupción, ejemplos incontrastables de mala gestión, que dejaron a los venezolanos sin servicios públicos y dependiendo del petróleo como nunca antes se había visto.

¿Necesitaban los venezolanos la intervención de un país extranjero? Es un hecho que los venezolanos no pudimos resolver y gestionar la crisis política que se exacerbó a raíz del desconocimiento del resultado electoral de las elecciones que se celebraron el 28 de junio de 2024. El chavismo decidió huir hacia adelante y ha caído en el abismo.

La tesis sobre un pueblo en armas, la unidad perfecta entre pueblo y ejército, la doctrina militar enunciada como la guerra popular prolongada, diseñada y ejecutada por la China de Mao Zedong y luego por el líder vietnamita, Ho Chi Minh, resultó un palabrerío que cayó en saco roto. No había condiciones políticas ni organización social para edificar lo que significa la resistencia política y militar frente a un ejército formidable como el de Estados Unidos.

La soberanía del país y su autodeterminación ha quedado tocada. Será una transición política gestionada y luego vigilada por los Estados Unidos. Lo que es mucho decir. Se abre además una gran interrogante para países como México y Colombia, productores de droga. ¿Serán objeto de operaciones militares tal como ocurrió en Venezuela? Estados Unidos ha desempolvado la doctrina Monroe (América para los americanos), ahora remasterizada por la nueva estrategia de su seguridad nacional, esbozada por el presidente Donald Trump durante su rueda de prensa, en la que dio detalles de la operación militar que ejecutó en Venezuela. Pero si la historia nos dice algo es que las intervenciones estadounidenses en América Latina han sido traumáticas y nefastas en sus consecuencias políticas.

Otras preguntas que quedan por dilucidar: ¿Qué fuerzas de seguridad van a ejercer el control territorial del país? ¿La falta de respuesta a la acción militar de Estados Unidos obedece a una división en el ejército venezolano? ¿Podría colapsar la institución militar? ¿Estamos a las puertas de un caos social? Estos son los riesgos y los peligros que se corren a raíz de la intervención de las fuerzas militares de Estados Unidos.

El descalabro de Venezuela también dejó al descubierto la división de América Latina, incapaz de consensuar una respuesta como bloque regional, en un mundo remodelado por las grandes potencias que actualmente se reparten el mundo. Es una tragedia que nos deja sin voz, sin herramientas de negociación y sin respuestas para hacer valer los intereses de este continente. Más concretamente, las gestiones diplomáticas que adelantaron México y Brasil, para gestionar la crisis desde una perspectiva latinoamericana, se estrellaron contra la intemperancia y el destino manifiesto de los Estados Unidos.

Los cuatro fracasos del chavismo quedaron expuestos. En lo militar, no hubo respuesta, ni siquiera un tiro. En lo político, un gobierno autoritario. En lo económico, la crisis más pavorosa que ha vivido Venezuela en toda su historia. En lo social, una población fracturada.

*Hugo Prieto es periodista y narrador venezolano

stats