Economía 31/03/2021

La pandemia dispara el ahorro de los hogares al nivel más alto desde el 1999

La tasa, impulsada por el confinamiento, se sitúa en el 14,8% y supera todos los registros anteriores del INE

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El centro de Barcelona con gente de compras

BarcelonaDesde que el Instituto Nacional de Estadística (INE) recoge cada trimestre la tasa de ahorro de los hogares españoles, el indicador nunca había sido tan elevado. El impacto de la pandemia, las limitaciones a la movilidad y los meses de confinamiento domiciliario comportaron que la tasa de ahorro se disparara hasta el 14,8% en 2020, el dato más alto de toda la serie, iniciada en 1999. En el último ejercicio ha superado en 8,5 puntos los niveles del 2019, según ha informado este miércoles el organismo estadístico.

Así pues, durante el primer año de pandemia los hogares españoles ahorraron un total de 108.844 millones de euros, más del doble respecto a los 48.037 millones del 2019. De hecho, este efecto se produjo a pesar de que la renta disponible se redujo un 3,3%, hasta los 739.585 millones, y también al hecho de que se consumió menos que el año anterior. Concretamente, el gasto de los españoles se redujo un 12%, hasta los 628.198 millones, a lo largo de un ejercicio con muchas restricciones al ocio y el turismo para contener los contagios de covid-19.

Si nos fijamos en la tasa de ahorro sin tener en cuenta los efectos de calendario, esta tendencia se relajó a lo largo del 2020. Con el estallido de la emergencia sanitaria, en el segundo trimestre el indicador llegó a saltar hasta el 25,7%, mientras que en el tercer trimestre –con la llegada del verano y el desconfinamiento parcial– caía al 12,5%. El año se cerró con una tasa de ahorro de los hogares españoles del 10,6%, solo una décima por encima del último trimestre prepandemia.

¿Qué parte de este ahorro irá a parar al consumo, un elemento con el que está íntimamente relacionado? "Este año ha habido mucho ahorro forzado", apunta el catedrático de economía de la UPF José García Montalvo. Prevé, pues, que este dinero se puedan canalizar por dos vías, dependiendo del planteamiento de cada consumidor. "Dependerá de si este ahorro se asume como parte de la riqueza (y, por ejemplo, se invierte en la bolsa y no cuenta como gasto) o como parte de la renta que no se ha podido gastar durante el confinamiento", indica García Montalvo.

Esta última hipótesis es la que puede ayudar a impulsar el consumo, como ha observado el experto en el caso de los Estados Unidos. "De los primeros cheques que Trump entregó a los ciudadanos independientemente de su renta, una parte siguió invertida pero otra se transformó en consumo muy rápidamente", explica. Aún así, admite que el caso español es diferente: los miles de personas que han quedado afectadas por un ERTE han pasado a ingresar menos que antes de la pandemia y, por lo tanto, no han podido ahorrar.

En marzo la inflación se disparó al nivel más alto en dos años, una cifra que dio un cierto optimismo de cara a la recuperación del consumo. Sin embargo, García Montalvo recuerda que también existe el peligro de que la tensión al alza de los precios tenga consecuencias adversas, sobre todo si no va acompañada de una mejora general de la economía y el mercado de trabajo: "Si no sabes si mañana tendrás trabajo, el miedo de lo que pueda pasar hará que no toques el dinero".

Cae la capacidad de financiación

Además del ahorro, el INE también ha confirmado que durante el 2020 la capacidad de financiación de la economía española se redujo a niveles de la última crisis, hasta los 12.421 millones de euros. La cifra equivale al 1,1% del PIB y es la más baja desde el 2012. El concepto de capacidad de financiación es la diferencia entre el ahorro y la inversión; es decir, nos indica si una familia o una compañía tiene suficiente dinero para financiar, por ejemplo, la compra de un piso o un proyecto empresarial.

En el caso de los hogares, donde se disparó el ahorro, la capacidad de financiación también creció hasta los 72.989 millones respecto a los 3.130 millones del 2019. En cambio, las administraciones arrastraron a la baja el total, porque pasaron a necesitar 123.072 millones el año pasado. Las empresas –una buena parte se han visto obligadas a pedir créditos ICO para evitar la extinción– también vieron cómo su capacidad de financiación se reducía a 26.958 millones.

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