Medio ambiente
Sociedad  /  Medio Ambiente 28/08/2022

Bosques con colores de otoño en pleno verano

La sequía aboca los bosques a los peores registros de la década: miles de hectáreas ya se han vuelto marrones y pierden hojas

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Los bosques afectados por la sequía y las oleadas de calor cambian de color y las copas de algunos árboles son marrones o pierden las hojas

BarcelonaCircular por la C-16 en el Berguedà la segunda quincena de agosto y ver el color rojizo en las vertientes de las montañas desde la carretera impresiona. "No lo había visto nunca, es un aspecto como si los árboles lloraran, una masacre". La descripción de la huella de la sequía en los bosques es de Josep Comellas, un agente rural que hace tres décadas que peina la comarca. Literalmente, se puede decir que las ha visto de todos los colores, pero el de este verano no tiene precedentes.

Las copas de los árboles avanzan el otoño en pleno agosto, colores marrones por la falta de agua sostenida y las altas temperaturas, que aceleran la caída de la hoja. "Esto es señal de una situación muy extrema, la pérdida de la hoja es casi el último recurso [de supervivencia]", explica al ARA el investigador del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF) Jordi Vayreda.

Las hayas, robles y encinas que pueblan estas zonas boscosas tienen un sistema de regulación acostumbrado a las temporadas de sed a que las somete el clima mediterráneo. En estos periodos, lo primero que hacen estas especies de árboles planifolios es cerrar su sistema de transpiración, que son los estomas de las hojas –"cierran el grifo", describe gráficamente Comellas–, y así se vuelven más eficientes con la gestión del agua. Si la situación se complica, se desprenden de las hojas, que se secan y caen.

Esto es lo que está pasando en buena parte del territorio, del Berguedà al sur del Ripollès y el norte de Osona. También en la zona del Alt Urgell y en parte del Solsonès. La campaña para recontar las hectáreas afectadas por este decaimiento de los árboles apenas empieza esta semana, pero Vayreda ya augura que los resultados pueden ser los más nefastos en diez años: "El año pasado ya fue muy malo, con más de 30.000 hectáreas afectadas, y este será peor".

Resistencia y recuperación

Esta campaña, allí donde creen que encontrarán más hectáreas de bosques "tostados" –como se refieren en el argot de los expertos del CREAF– será en las vertientes de montañas poco acostumbradas a recibir los rayos de sol tan persistente y sin ni una gota de agua durante este verano largo. La buena noticia, sin embargo, es que, si los chubascos que ya han empezado a caer en algunas zonas de montaña esta última semana son el preludio de un septiembre más húmedo, las encinas y los robles pueden reaccionar: "Su capacidad de rebrote es muy grande, puede pasar bien entrado el otoño", subraya Vayreda.

El aspecto seco de agosto no quiere decir que estos árboles estén sentenciados, sino que se defienden para resistir un periodo de sed que se les está haciendo largo, añade el experto refiriéndose a los robles y las encinas. Bajas seguro que habrá, pero es difícil calcular en qué proporción porque depende de factores como si una misma zona ha sufrido muchas sequías consecutivas o si ha tenido suficiente tiempo entre un periodo de estrés y el otro para recuperarse.

Los colores del otoño afloran en los bosques catalanes por el impacto de la sequía.

Una sequía sostenida afecta el estado de salud de un bosque. En el caso de los más densos, el estrés crece porque la competencia por el agua disponible entre árboles es más feroz. Ahora bien, si robles y encinas son los más sensibles a estas situaciones, también son los más resistentes. Otra cosa son los pinares, que tienen sistemas de resistencia diferentes. Las coníferas, como los pinos y los abetos, pueden aguantar la sed extrema durante mucho tiempo sin que su apariencia cambie. Ahora bien, cuando el árbol empieza a volverse marrón, indica una muerte sin remedio.

Un trabajo colectivo

La revisión sobre el estado de los bosques empezará el 1 de septiembre y se alargará todo el mes. Los expertos del CREAF y los agentes rurales hace más de una década que trabajan de la mano con el programa Deboscat para poder tener una fotografía cada vez más precisa de la salud de los árboles en las comarcas del país. La información acumulada permite avanzar que la del 2022 puede ser "la peor situación de la década", vaticina Comellas. "Venimos de un periodo seco y caluroso bastante largo, la última primavera húmeda fue la del 2020", añade Vayreda.

Desde que se hace el recuento, los expertos subrayan dos episodios de falta de lluvias graves: el 2016 y, especialmente, el 2012. La proliferación de la superficie boscosa en el país, sin embargo, crece año tras año y, en parte, esto contribuye al hecho que, en un año meteorológicamente complicado para los bosques, las hectáreas con decaimiento vayan al alza.

El trabajo de evaluar los bosques del país, sin embargo, no se acaba con los equipos profesionales, sino que se vale de muchos datos que aporta la ciudadanía gracias a una aplicación, Alerta Forestal, que aglutina avisos e imágenes que pueden aportar los usuarios. Se trata de un proyecto de ciencia ciudadana en el cual a partir de la aplicación (que se puede descargar para Android e iOS) o desde la web del proyecto cualquier persona puede colgar una foto donde se detecte decaimiento forestal. Lo que piden los expertos del CREAF es que se hagan fotos preferiblemente horizontales y a suficiente distancia para que se detecte la vertiente de la montaña cambiando de color. Además, se pide que se geolocalice el lugar donde se ha tomado la imagen, con el GPS de la misma aplicación o manualmente.

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