8 restaurantes de la Costa Brava familiares y con historia para aprovechar el buen tiempo
A la orilla del mar hay tantas opciones que cuesta elegir, pero os ofrecemos una guía de establecimientos arraigados y dos opciones extras que no os decepcionarán
BarcelonaEn la Costa Brava, entre calas cerradas, pueblos pesqueros y masías cerca del mar, la oferta gastronómica se hincha cada verano hasta que resulta muy difícil elegir dónde hacer una buena comida o una buena cena. Hay restaurantes para todos los gustos y bolsillos, pero no todo lo que brilla vale la pena: entre la presión turística y el oportunismo veraniego, hay una franja de establecimientos donde se cocina con criterio y con brío.
Los ocho restaurantes de esta guía tienen en común que al frente hay familias con relevo generacional, o bien mucho empuje y una buena trayectoria. En todo caso, todos tienen una relación clara con el producto y el territorio. Encontrarán arroces de Pals, pescado fresco del Port de la Selva, marisco del Cap de Begur y cocina medieval reinterpretada. Además, les ofrecemos una propuesta extra que destaca, entre otras cosas, por su belleza.
Hostal Sa Tuna (Begur)
En verano, la cala de sa Tuna de Begur es una locura, es mejor ir antes de que sea temporada alta. El restaurante lo llevan Rosa Maria Jubany (hermana de Nandu), su marido Diego y los tres hijos, especializados en arroces (el del senyoret con gamba de Palamós, rape y sepia es referencia) y pescado a la brasa. Producto del cabo de Begur y arroz de Pals. Un restaurante arraigado al territorio, con comedor y terraza con vistas.
La Gaviota (Blanes)
Tobias Cabrera pasó de dirigir el StreetXO de Londres a tomar el relevo de su padre, Pedro, que había abierto La Gaviota en 1982 en la calle Esplanada del Puerto de Blanes. Hoy es referente de pescado fresco a buen precio: el 80% del producto viene de la lonja de allí mismo. Mejillones, navajas, sardinas a la brasa, gambas y cigalas, sin florituras y con oficio. Enfrente del puerto y pegado a la cofradía de pescadores.
La Corte del Mos (Palamós)
"Audentes fortuna iuvat" [la fortuna ayuda a los atrevidos]: las vecinas de Palamós regalaron este lema a Helena Termes y Jeffrey Ruiz el día que inauguraron La Cort del Mos, en la calle Mal Pas 3. Cocina catalana con el Llibre de Sent Soví por bandera: royale de pato relleno de cigalas, crestas de gallo con esparragüetas, ancas de rana con salsa de fricandó. Técnica de gran casa a precios honestos.
El Askata (Puerto de la Selva)
Cristina Perelló es hija de pescadores y su hija, Anna Paltré, es nieta. Ambas llevan L'Askata, en el Moll Gros del Port de la Selva, con el pescado autóctono del norte de la Costa Brava como bandera. La pomada (cebolla de Figueres, atún y mayonesa), los mejillones de roca, unas anchoas con pan con tomate o un caproig fresco son la apuesta segura. Emplazamiento inmejorable, a resguardo del Parque Natural del Cap de Creus.
Can Ruben (Pals)
Los arroces mandan en Can Ruben, una masía reformada en la calle Molinet de Pals que lleva Ruben Carreras en tercera generación. La carta siempre lleva tres o cuatro, más tres o cuatro sugerencias; la estrella es el arroz cubierto de carpaccio de gamba de Palamós. Buena parte del producto viene de la huerta de la madre del propietario. Menú entre semana y carta más ambiciosa el fin de semana. Terraza con vermutería y dos brasas fuera.
Vicus (Pals)
A cinco minutos del casco antiguo de Pals, el antiguo Cafè Barris (café, sala de baile y cine del pueblo hasta hace décadas) ha sido reconvertido por Elisabet Barris, su marido Gerard Geli y el chef Damià Rafecas en un restaurante de cocina libre con producto local. En la calle Enginyer Algarra 51, degustaréis el puerro escalivado con anguila ahumada y queso Terrós de Masalva, las croquetas de jamón ibérico o tàrtars elaborados con un toque de mole. Reservad.
Bell-lloc (Santa Cristina d'Aro)
En Santa Cristina de Aro, la masía del Bell-lloc es de Marc Gascons, reconocido con el Premio Nacional de cocina de autor de la Academia Catalana de Gastronomía y Nutrición. No cansa nunca: va allí todo el mundo (jubilados franceses, gente de paso en jornada laboral, celebraciones...) y se come el conejo a la brasa, la butifarra negra con garbanzos o el mítico bizcocho glacé con chocolate caliente. Una cocina por encima de las modas, con servicio diligente y buen pan.
Can Pepitu (Puerto de la Selva)
En la calle del Mar de El Puerto de la Selva, Can Pepitu es un bar de tapas y platillos que Nico Garrido retomó en homenaje a Pepitu Mallol, historiador local. Paredes de piedra, barca del Pepitu presidiendo y terraza orientada al club náutico. Nos quedamos con la ensalada de pulpo, las tellinas, los boquerones con huevos fritos o las ortigas de mar de Cádiz. Música bien escogida y muy buen rollo.
Propuesta extra: el más romántico
Candlelight (S'Agaró)
Dentro del Hostal de La Gavina de s'Agaró, el Candlelight es la joya de la casa: un comedor que te teletransporta en el tiempo, con piano en directo, servicio de sala impecable y, a partir de San Juan, una terraza bucólica a la luz de las velas. El joven cocinero Oriol Fernández, formado con Ducasse, Lasarte y Romain Fornell, hace menús con producto de temporada y producto ampurdanés. Reserven con tiempo y déjense guiar por el sumiller Florian David.
Y, por si os habéis quedado con ganas de más, 9 opciones más para tomar el fresco: