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Dash Shaw: "A la mierda la estructura en tres actos"

El autor de cómic estadounidense publica el fascinante experimento narrativo 'Todo abruma'

El dibujante de cómic Dash Shaw, autor de 'Todo abruma', durante una entrevista en Barcelona.
01/04/2025
4 min
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BarcelonaLas novelas gráficas de Dash Shaw (Los Angeles, 1983) pueden intimidar a los lectores a primera vista. En el caso deOmbligo sin fondo (Apa Apa, 2010), la crónica familiar que lanzó la carrera de este autor esencial de la última generación del cómic independiente estadounidense, por sus abultadas 720 páginas, algunas apretadas de viñetas. La cifra de páginas baja a unas más razonables 480 a Todo abruma (Apa Apa / Blackie Books), su último trabajo, donde el reto es enfrentarse a una estructura insólita en forma de muñeca rusa que va entrelazando vidas y añadiendo capas y más capas a la narración sin que la complejidad estorbe nunca la lectura.

La historia arranca con la llamada de un número desconocido en el móvil de Ken: es su hermano, que le anuncia que se casa. Cuando Ken se está probando la ropa para la boda y se encuentra una compañera de instituto, Mel, el cómic abandona Ken para adentrarse en los recuerdos de Mel sobre la torturada atracción que sentía por un compañero de trabajo, Kay. Y unas páginas después, un nuevo flashback nos lleva a la época en que Kay hacía de modelo en una clase de dibujo al natural. Del Kay saltamos al profesor de la clase, del profesor Karetzky a su amante, de Maala a Christine y así sucesivamente. Todo abruma va desplegando una mil hojas de tramas y personajes que parece expandirse hasta el infinito hasta que, a mediados del libro, Shaw empieza a cerrar los flashbacks ya recosir minuciosamente todos los hilos colgados. Las muñecas rusas recuperan su lugar ordenadamente en un ejercicio de virtuosismo formal que, en lugar de agobiar por la dimensión, emociona por la profundidad.

Cubierta de 'Todo abruma'.

¿Y qué le empuja a complicarse la vida ya experimentar con estructuras narrativas tan complejas? La respuesta de Shaw es contundente: "Cada vez odio más la estructura en tres actos, me irrita su predictibilidad. El cine le ha popularizado, pero también está en muchos libros y es sofocante y aburrida. A la mierda la estructura en tres actos. Y no soy el único que lo piensa: la gente quiere ser sorprendida". En su búsqueda de modos sorprendentes de narrar, Shaw se inspiró en el cortometraje clásico de Charles y Ray Eames Powers of ten, en la que la cámara se aleja millones de kilómetros de una escena cotidiana para después acercarse a ella y observar el mundo microscópico. "En mi cabeza, Todo abruma es como un zoom atrás y adelante, un solo movimiento –dice–. Y es por eso que, en realidad, no cuesta nada de leer". La ausencia de capítulos y la estructura estable de cuatro viñetas por página crean una ilusión de continuidad que Shaw compara con "una larga frase ininterrumpida". parte es una experiencia satisfactoria que compensa el esfuerzo de la primera".

Reinventarse en cada obra

Uno de los rasgos más característicos de Shaw como autor son los cambios de estilo entre cómics. No parece haber continuidad entre el estilo ligeramente caricaturesco deOmbligo sin fondo, los experimentos digitales de Body world y la frialdad realista de Todo abruma, como si fueran obras de dibujantes distintos. "Lo primero que pienso es la historia y después la mejor manera de dibujarla –se justifica–. En este caso, pensé mucho en lo que la gente llama chistes del New Yorker, pero que no aparecían sólo en New Yorker, sino también en revistas de todo tipo".

Shaw reivindica esta tradición de humor gráfico por su mirada satírica pero realista sobre la vida norteamericana, impensable en el cómic de superhéroes o las tiras de prensa. "Sus protagonistas son gente normal y los escenarios son cocinas, dormitorios, la ex-oficina. Me gusta sobre todo el trabajo de Garrett Price, un autor que dibujaba de una manera preciosa y al mismo tiempo contenida. No era especialmente divertido, y eso todavía lo hace más interesante". Esta atonía expresiva parece contagiarse al dibujo y la narración de Todo abruma, que proyecta cierta distancia emocional respecto a la acción y los personajes: "Me gusta que se perciba así porque uno de los objetivos del libro era que nada fuera muy dramático ni divertido y que el tono fuera más bien plano, como un disco ambiente de Brian Eno. Una indecisión tonal como la de los personajes, siempre dubitativos entre distintas opciones".

Doble página de 'Todo abruma'.

Aunque el cómic es su primer amor y dedicación principal, Shaw es un cinéfilo empedernido que ha dirigido un par de largos de animación low fi: el híbrido de comedia de instituto y cine de catástrofes My entire highschool sinking into the sea (2016) y la sátira Cryptozoo (2020), en la que unos activistas rescatan animales mitológicos para exhibirlos en un zoológico. En ambas películas se filtra el gusto de Shaw por los delirios fantásticos y una pasión por el surrealismo que en su reciente visita a Barcelona le llevó a escapar todo un día al Museo Dalí de Figueres. Sin embargo, sorprende el contraste entre el tono alocado del cine de Shaw y el formalismo analítico de sus novelas gráficas. Él lo atribuye al clásico de la animación japonesa Akira. "De joven era mi película favorita y es una obra espectacular y grandilocuente, el mundo entero explotando durante una hora –dice–. Pero el cómic en el que se basa, que es del propio autor, para mí era una experiencia mucho más íntima y basada en personajes. Y esta división del cine como experiencia externa y el cómic como mi ADN" ha quedado inscrita.

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