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"El déficit de atención no se cura leyendo un prospecto"

El filósofo Josep Maria Esquirol reflexiona sobre la escuela, la confusión y el exceso de verbosidad del presente en el monasterio de Pedralbes

El filósofo, Josep Maria Esquirol
01/04/2025
3 min
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Barcelona"Una casa fría no es casa: lo parece, pero no lo es", recordó Josep Maria Esquirol (San Juan de Mediona, 1963) en la tercera sesión de los Diálogos de ética y filosofía moral celebrados en el monasterio de Pedralbes, coorganizado por el Ayuntamiento de Barcelona y el diario ARA y comisariado por el filósofo y ensayista Daniel Gamper. El ciclo ha contado, de momento, con la participación de Victoria Camps, Remedios Zafra y Josep Maria Esquirol, catedrático de filosofía en la Universidad de Barcelona y autor de ensayos como La resistencia íntima (2015), Humano más humano (2021) y La escuela del alma (2024).

Esquirol ha empezado explicando por qué ha querido titular la charla Por buen camino. "Intento articular una filosofía de la situación humana fundamental —ha dicho Esquirol—. Uno de los ejes de esta propuesta tiene que ver con que lo más real y verdadero son las personas. Intento reducir las abstracciones al máximo. Cada persona es un inicio, un origen, un comienzo. Palabras gruesas como libertad y voluntad derivan de que cada uno es un punto de partida. Quien es inicio necesita un camino para seguir, es decir, para vivir". A Esquirol le gusta fijarse en el lenguaje coloquial porque "muestra cosas esenciales". Y ha continuado: "De joven conocí a un profesor italiano que me cuidó mucho. Una vez que le enseñé un trabajo, me dijo «vas bien». Es una expresión que me gustó y que he seguido usando con los alumnos. Ir bien significa ir por el buen camino. Y el buen camino no es único, sino que se escribe en plural".

Hay escuela porque el buen camino no está prefijado

Una de las "instituciones" que Esquirol analiza en el último libro es la escuela. "La escuela es un intento sostenido de ayudar a los más jóvenes y no tan jóvenes a orientarse —ha dicho—. Hay escuela porque hay intemperie y porque el buen camino no está prefijado". En La escuela del alma, recordó Daniel Gamper, Esquirol explica que actualmente vivimos en una era de la confusión, en la que cuesta mantener una atención reiterada. "La falta de atención forma parte de una cierta confusión generalizada —ha dicho Esquirol—. La tecnificación no tiene nada de perverso. El problema es cuando se quiere tecnificar lo que no lo necesita. El déficit de atención no se cura leyendo un prospecto, sino con el entrenamiento de una forma de ser". El filósofo ha definido la atención como "la capacidad humana de recibir": uno de los espacios fundamentales donde se cultiva es la escuela y la universidad. Una persona "porosa" puede recibir; una poco atenta, acaba siendo "cerrada".

A Esquirol le inquieta "el exceso de verbosidad" de nuestro presente. "Todo el mundo charla, y tantas palabras crean ruido —añadió—. Sócrates no invitaba a charlar tanto. Decía que antes de hablar hay que trabajar la capacidad de escuchar, y eso significa el silencio". Un indicio de ir por el buen camino "es la capacidad de saber gozar de la belleza del mundo", la vida contemplativa. Otro es "ser capaz de amar a los demás". Ardilla le llama el gesto médico: "Todos cuidamos o somos susceptibles de hacerlo". Por último, el buen camino también pasa "para crear belleza" y "hacer más mundo": es "el arte de saber hacer las cosas bien".

Que Esquirol acentúe su filosofía en las personas no quiere decir que "quiera potenciar su egoísmo", tal y como ha hecho el neoliberalismo y sus ramificaciones actuales. "En momentos en los que la palabra económica se expande en otros ámbitos que no le corresponde y los domina, nos empobrecemos —ha dicho—. La actitud ante esto es la resistencia. Los resistentes defienden su posición de marginalidad porque creen que sigue teniendo sentido. Quién sabe si el día de mañana volverán a ocupar un lugar destacado".

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