09/02/2021

¿Confrontar o abordar?

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La ausencia de capacidad dialógica conduce al enfrentamiento cuando hay divergencia de intereses, de forma que, al final, una de las preguntas que nos podemos hacer es si realmente sabemos dialogar, puesto que sin diálogo no hay nada, excepto conflictos sin resolver. El diálogo, en cambio, y cuando se hace con la mente abierta, permite comprender las razones de la otra parte y es más fácil llegar a acuerdos después de entender lo que es básico. El diálogo prefiere la concertación y el abordaje positivo (hacer frente a un problema de manera reflexiva y creativa) a la confrontación sistemática (desprecio y atribución de culpas), la interlocución (diálogo de dos o más) al monólogo (vanidoso y ególatra). La distinción entre diálogo y confrontación, pues, es muy relevante. El diálogo es cooperativo, interactivo, practica la escucha activa, permite modelar la propia opinión a través de hablar con el contrario, obliga a reflexionar y busca el entendimiento para llegar a consensos. La confrontación, en cambio, es un método competitivo basado en el enfrentamiento, la imposición, la autoafirmación permanente; es excluyente y no se basa en la comunicación. Entender la metacomunicación, todo el que hace referencia al acto comunicativo, como por ejemplo los códigos utilizados y la relación entre los que se comunican, es importante para entender si es posible un diálogo. Además, es a través del diálogo que se pueden modificar las relaciones entre los participantes.

Etimológicamente, diálogo quiere decir a través de la palabra, y está contextualizado en la alteridad y la comunicación con otras personas a través del habla. No es lo mismo que discusión, que significa disgregar, y que mantiene activos los puntos de vista divergentes, sin poderlos trascender con facilidad. El diálogo da espacio a la duda, a las actitudes que rechazan las certezas perpetuas; es un ejercicio de reflexión, opuesto a las reacciones viscerales, y supone tomar distancias con los tópicos y prejuicios. El diálogo político tiene que ser un contraste voluntario de opiniones razonadas, con el propósito de poder llegar a un consenso o un acuerdo. En ningún caso es admisible, por inútil, un "diálogo forzado, coercitivo e impositivo"; simplemente, no existe esta variante, que en todo caso se tiene que denominar con una palabra diferente a diálogo.

El diálogo conversacional es el proceso de “dar vueltas en compañía", un proceso de comunicación entre dos o más personas que funciona con algunas reglas: voluntad de escucha, alternancia, reciprocidad, intercambio de ideas, capacidad de modificar posiciones iniciales, e incluso influenciar transformando nuestro marco de referencia mental inicial. El diálogo es una conversación amplificada que facilita la interacción de las partes, y además es contagioso, puesto que un diálogo conduce a otro, y así sucesivamente, en lo que se denomina cadena de diálogos.

Es innegable que potenciar las capacidades dialógicas será, ahora y siempre, uno de los métodos más eficaces para abordar los disentimientos y revertir situaciones indeseables. De hecho, la inmensa mayoría de las situaciones conflictivas con las que nos encontramos en la vida, las resolvemos de forma pacífica y mediante la palabra. Se puede incluso aprender en la etapa escolar, enseñando a resolver los conflictos por medio de los modelos dialógicos. La cuestión es, por lo tanto, cómo trasladar estos métodos a contextos de tensión y polarización política, en los que la tentación de no usar el diálogo es innegable. Cuanto más sepamos de esto, como herramienta, como actitud vital, como cultura de consenso y de práctica de la escucha, mayor será nuestra capacidad de participar y exigir su uso, y no tanto para eliminar los conflictos, como para gestionarlos adecuadamente. Tiene incluso una capacidad transformadora, tanto para los participantes que aprenden con la interacción, como para el problema que se debate en ella. Su máxima aspiración es conseguir una cierta conciencia empática, la otra cara de la enemistad permanente, pero primero tenemos que decidir si, en política, preferimos abordar o confrontar.

Vicenç Fisas es analista de paz y conflictos

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