Crisi migratoria
Política 03/07/2022

Marruecos, un siglo y medio de coces al bajo vientre de España

Los contingentes armados magrebíes son los que más tiempo han combatido contra el ejército español desde la Guerra del Francés

Andreu Farràs
4 min
Imagen del entierro de dos mandos españoles durante la guerra a Sidi Ifni de finales de los años 50 del siglo pasado

BarcelonaLos dos leones que custodian la entrada principal del Congreso de los Diputados, donde Pedro Sánchez tendrá que explicar la última tragedia de Melilla, fueron realizados con los cañones fundidos de los marroquíes derrotados en la batalla de Wad Ras. Este enfrentamiento, junto con las batallas de Tetuán y Los Castillejos, llevaron a la victoria de España en la primera guerra declarada contra las tribus del Rif de 1859 a 1860. El sultanato de Marruecos, las cabilas rifeñas y, después, el reino alauí han supuesto una constante fuente de conflictos para el Estado español durante más de un siglo y medio. En resumidas cuentas, los contingentes armados de esta zona del Magreb han constituido, de lejos, las fuerzas extranjeras que han combatido durante más tiempo contra el ejército español desde la Guerra del Francés. 

Se le atribuye al primer ministro británico Winston Churchill la afirmación de que el Mediterráneo era en su época el bajo vientre de Europa. Probablemente, ahora lo sigue siendo por otras razones. Si tenemos que hacer caso a la historia de las relaciones hispano-marroquíes, el Magreb representa desde mediados de siglo XIX un constante dolor de tripa para los gobiernos de Madrid.

Desde la primera guerra de Marruecos, las tempestuosas y a menudo trágicas relaciones con los dirigentes de aquellos territorios han ejercido una influencia profunda en la política y la sociedad españolas. Y las catalanas. La Semana Trágica, por ejemplo, se inició en 1909 por las protestas de los familiares de los soldados de leva que fueron movilizados para combatir a los rebeldes rifeños que habían atacado unas minas de hierro propiedad de algunas de las mayores fortunas de la Península, como el conde de Romanones.

De Annual a Perejil

Las diferentes guerras en el norte de África han barrido a gobiernos españoles enteros. En los años 20 cayeron cuatro ejecutivos de Alfonso XIII. Estaban presididos por Allendesalazar, Maura, Sánchez Guerra y García Prieto. Y allanaron el camino hacia la dictadura de Primo de Rivera. Sobre todo, después del desastre de Annual, una serie de enfrentamientos que tuvieron lugar en el Rif en 1921, durante la segunda guerra de Marruecos. Perdieron la vida entre 7.000 y 8.000 soldados españoles e indígenas que ayudaban a defender los alrededores de Melilla y la bahía de Alhucemas. “Había tantos militares muertos en el campo de batalla que los buitres solo buscaban de comandante hacia arriba”, publicó un diario de Madrid. Ochenta años después, Aznar reavivó el patrioterismo con la “reconquista” por la Armada española del islote deshabitado de Perejil, después de que ocho gendarmes marroquíes hubieran ocupado durante una semana aquellas rocas al noroeste de Ceuta. 

Algunos biógrafos de Francisco Franco atribuyen su falta de compasión a las prolongadas estancias en el norte de África. Las campañas bélicas en el protectorado sirvieron al joven Franquito y a otros oficiales ambiciosos para ascender más rápidamente. Generales golpistas del 18 de julio del 1936 como Emilio Mola, Manuel Goded, Queipo de Llano, Yagüe y Camilo Alonso Vega eran veteranos de las guerras de Marruecos. Fueron conocidos como los africanistas. Y fue en Ceuta donde se creó el primer cuartel de la Legión Española, con el nombre inicial de Tercio de Extranjeros y después de Tercio de Marruecos. Durante la Guerra Civil y las primeras décadas de la dictadura, Franco desfilaba siempre rodeado por la Guardia Mora, un grupo de combatientes originarios de Marruecos que el general había enrolado cuando mandaba el “cuerpo de ejército africano” al dar el golpe de estado. El caudillo de la Cruzada, escoltado por musulmanes.

Franco y Hassan II

Después de la independencia de Marruecos, las relaciones del Caudillo con el despótico rey Hassan II fueron tenses y frías, a pesar de lo que disimularan los controlados medios de comunicación a un lado y otro del estrecho de Gibraltar. Desde los primeros años de su reinado, Hassan II tenía entre ceja y ceja conquistar el Sáhara Occidental y sus ricas minas de fosfatos, explotadas por España desde finales del siglo XIX. La restitución por Madrid de la colonia de Ifni en 1969 no satisfizo la ambición del monarca alauí , que ni siquiera asistió a la ceremonia de retrocesión en Sidi Ifni, donde 12 años antes hubo otra guerra (1957-58) con docenas de víctimas españolas. Hassan quería el Sáhara. Franco se resistió hasta su muerte. Rabat aprovechó la larga agonía del dictador y la aquiescencia de Estados Unidos para evitar que los independentistas saharauis (Frente Polisario), aliados con Argelia –dentro de la órbita soviética–, celebraran un referéndum de autodeterminación en 1975. Además, Hassan II organizó una protesta multitudinaria, la Marcha Verde, en las fronteras saharaui-marroquíes. Concentró cerca de 350.000 súbditos. El gobierno español, que perdía el sueño por las presiones internas y extranjeras que exigían la democratización de un autoritarismo ingresado en la UCI, optó por abandonar la última colonia española, si se exceptúan las ciudades de Ceuta y Melilla. 

El conflicto del Sáhara se ha cobrado al menos los cargos de dos ministros españoles de Exteriores en el último medio siglo. José María Castiella, jefe de la diplomacia franquista, tuvo que dimitir en 1969, por su postura hacia el derecho de autodeterminación de aquel territorio, “pusilánime”, al parecer de las familias más duras del régimen, encabezadas por el todopoderoso Luis Carrero Blanco. Cincuenta y tres años después, otra responsable de Exteriores, Arancha González Laya, fue cesada a raíz del escándalo suscitado por la autorización que se dio a un líder del Polisario para ser tratado en un hospital riojano.

Esta atención médica originó una nueva crisis diplomática que desembocaría en la retirada durante casi un año de la embajadora de Rabat en Madrid y el asalto –tolerado por la gendarmeria marroquí– de 8.000 inmigrantes a las vallas de Ceuta. La embajadora de Mohamed VI volvió a Madrid después de que Pedro Sánchez, en un inesperado triple salto mortal histórico, reconociera el plan autonómico de Marruecos para el Sáhara e hiciera que Argelia se indignara y retirara su embajador en España. El jefe del gobierno español satisfizo así las pretensiones marroquíes (y de Estados Unidos). A cambio, obtuvo el compromiso de que Rabat controlaría más la presión migratoria subsahariana sobre las fronteras de Ceuta y Melilla. Un control más férreo que el pasado día de San Juan acabó en una matanza en Nador. Y la enésima crisis política española que lleva el remitente del Magreb.

La guerra de Margallo

Uno de los miles de españoles caídos en el desastre de Annual en 1921 fue Juan García-Margallo, tío abuelo de quien fue ministro de Asuntos Exteriores con Mariano Rajoy, José Manuel García-Margallo, que también es bisnieto de Juan García-Margallo y García. Comandante general de Melilla a finales del siglo XIX, el bisabuelo del exministro capitaneó las tropas españolas que se enfrentaron en 1893 y 1894 con las tribus bereberes que asediaban la plaza norteafricana. El protagonismo del general fue tan grande que el conflicto es conocido como “la guerra de Margallo”.

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