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Trastornos de conducta alimentaria

Sin ayuda de un día para otro para hacer frente al trastorno alimentario de una hija: "Salan pelotas fuera"

Una veintena de familias de Girona denuncian que el ministerio de la Seguridad Social les ha dejado de financiar el tratamiento

Una paciente se pesa a la UTCA del Hospital de Bellvitge.
31/03/2025
4 min
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GeronaDe un día para otro y sin previo aviso, las pacientes con trastornos de la conducta alimentaria (TCA) de la Clínica Bofill de Girona han dejado de recibir ayudas económicas para financiar su tratamiento. En total, son dieciocho familias afectadas, que, desde finales de 2024, ya no ingresan cada mes la prestación que les permitía cubrir prácticamente todos los costes de esta clínica privada gerundense, con servicio de hospital de día para casos de anorexia y bulimia. Se trata de la ayuda del seguro escolar, que depende del ministerio de la Seguridad Social y ampara a los chicos y chicas de hasta 28 años que cursan estudios obligatorios.

Para las pacientes que comienzan el tratamiento intensivo desde el comienzo, internas en el centro de día de 9 h de la mañana a 18 h de la tarde, el precio de la clínica sube hasta los 1.400 euros al mes. Un importe que el seguro escolar devolvía prácticamente por completo, pero que, desde diciembre, las familias afectadas han tenido que avanzar de su bolsillo hasta cuatro veces. Solo han cobrado uno de los recibos pendientes, no saben qué va a pasar con las próximas mensualidades y viven la situación con angustia y preocupación, aunque, de momento, no se plantean dejar el tratamiento, ya que, para la salud de sus hijos e hijas, aseguran que harán los esfuerzos económicos que haga falta. Eso sí, llevan tiempo cargando esa preocupación, que les desanima, quita energía y se añade a una situación ya bastante complicada, como es la de sufrir y combatir en casa un trastorno alimentario.

Tania Maldonado es la madre de un chico de 16 años, el único de la clínica, que ingresó en enero. Desde que ha comenzado el tratamiento, no ha cobrado ningún mes la partida del seguro escolar y ni siquiera tiene noticias de la dirección provincial de Gerona de la Seguridad Social sobre si se le ha concedido la solicitud. "No me han dado respuesta, hemos pagado tres meses, vamos camino del cuarto; no dejaremos el tratamiento porque para un hijo haces lo que haga falta, si hace falta pediremos un crédito, pero nos hace estar inquietos, vamos justos y sufrimos por la hipoteca y el resto de gastos -explica Tania-. No es fácil de gestionar, porque ya estás lo suficientemente emocionalmente o baja' cuando podrás aguantar sin cobrar esa subvención", lamenta la madre del adolescente.

Ninguna respuesta oficial de la administración

Más allá de si se retrasa más o menos el pago de estas ayudas, el mayor problema que sufren las familias es la falta de información y transferencia. En la Clínica Bofill nunca habían tenido ningún problema con estas ayudas, que se tramitan online, pero, a raíz de la jubilación de la funcionaria de la dirección provincial que se encargaba, se han repetido estas demoras. Las familias llevan meses llamando, envían correos, cartas, piden horas presencialmente en las oficinas de Girona e, incluso, han presentado una reclamación conjunta, pero no han quitado el entramado: "Nos dicen que lo mirarán y que lo solucionarán pronto, pero nada", lamenta Cristina Múrio, mare. "Echaron balones fuera para que calles y se nos quitan de encima diciendo que ya cobraremos", continúa Carme Pérez, madre de Mireia, también de 17 años.

Como máximo, a base de insistir, han conseguido que el personal de atención justifique el retraso alegando la baja de la funcionaria que ha tomado el relevo, la instalación de un nuevo software o la preferencia de otros trámites más urgentes. El ARA se ha puesto en contacto con el ministerio de la Seguridad Social y tampoco ha obtenido ninguna respuesta oficial. Es un caso muy concreto, que de momento sólo afecta a 18 familias de esta clínica gerundense de TCA, que han quedado arrinconadas en una especie de limbo burocrático y administrativo, sin que nadie se haga cargo.

Estar en tratamiento y tramitar uno mismo la ayuda

Cuando son pacientes menores de edad, son los padres quienes tramitan las ayudas, pero en el caso de las mayores de edad, son ellas mismas que deben gestionarlo. Aina Camps, de 25 años, ya se encuentra en un nivel más avanzado del tratamiento, va menos días en la clínica y, ahora mismo, tiene que pagar unos 1.000 euros al mes: "Para mí es una preocupación añadida, me genera inquietud, lo he hablado con los terapeutas; prioridad, es vergonzoso", argumenta sobre los problemas de cobro.

Las familias afectadas optan por este tratamiento a la sanidad privada después de haber pasado en un primer momento por la sanidad pública, donde, por la razón que sea, no les ha funcionado el tratamiento o no les han podido atender con suficiente rapidez. Per això, segons Pau Chapur, psicòleg en cap de la Clínica Bofill, la subvenció del ministeri és clau perquè les adolescents puguin continuar amb la cura de la malaltia: "Els TCA han augmentat una barbaritat, tots els serveis estan col·lapsats, de manera que si ens arriba una família de la pública que no pot pagar el nostre tractament i li diem que l'assegurança no s'està cobrant, on anirà? Es quedarà sense tractament, i això no pot ser", defensa Chapur.

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