Literatura

La verdad que aún esconde el naufragio del 'Wager'

David Grann se adentra en una historia de aventuras, supervivencia, enfermedades y conspiraciones en el libro 'Los náufragos del Wager', que Martin Scorsese quiere convertir en película

"El Wager antes del naufragio", cuadro de Charles Brooking de 1744
Literatura
28/02/2025
6 min
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BarcelonaUna treintena de hombres raquíticos, algunos de los cuales apenas pueden aguantarse de pie, llegan en una precaria barca a la costa suroeste de Brasil. La tripulación asegura que son los únicos supervivientes del Wager, un navío de guerra británico que había salido de Portsmouth casi dos años atrás con más de 250 oficiales y marineros. En 1742, casi un año después de que al barco se le perdiera la pista al sur de Chile, la reaparición de parte de la expedición es considerada un milagro.

Seis meses después de esta proeza, otra embarcación, más pequeña y en un estado aún más deplorable que la primera, llega al suroeste de Chile. Viajan tres hombres, medio desnudos y demacrados, y una nube de insectos les mordisquea la poca carne que les queda. Cuando se han recuperado y ya están de nuevo en Inglaterra, acusan a los compañeros de la embarcación que había llegado previamente a Brasil: aquellos supervivientes no son héroes, sino un grupo de amotinados que hay que juzgar por haberse levantado contra el capitán del Wager.

¿Cuál de las dos facciones tiene razón? Ésta es una de las preguntas que trata de responder David Grann en su último libro, Los náufragos del Wager (Ahora Libros / Literatura Random House, 2025; traducción al catalán de Àlex Guardia). Grann (Nueva York, 1967) propone un viaje hasta mediados del siglo XVIII para profundizar en las razones de los dos grupos de tripulantes y en una historia de aventuras salpimentada de violencia despiadada, complots, canibalismo y enfermedades devastadoras como el escorbuto. "Nunca habría pensado que escribiría nada sobre navíos de guerra ni sobre islas perdidas en rincones remotos de la geografía", admite David Grann telemáticamente desde su casa.

Detrás, encima de una pequeña mesa, tiene un ejemplar de La broma infinita, de David Foster Wallace, la novela de 1.500 páginas que ahora lee y que da una pista de su método de trabajo. "Cuando dejé el periodismo de actualidad me di cuenta de que llegar el primero a algún sitio no era lo más importante, sino que lo que cuenta es el grado de profundización en lo que explicas –comenta–. Al igual que no he abierto La broma infinita hasta casi tres décadas después de ser publicada, no conocí la historia del Wager hasta hace relativamente poco, y fue por azar, mientras buscaba inspiración después de Killers of the flower moon". Era el 2017, inicio del periplo editorial de aquella investigación donde denunciaba la silenciosa masacre a la que se sometió la nación indígena osage a principios del siglo XX, poco después de que se descubrieran bolsas de petróleo en las tierras donde vivían. Esa historia acabó motivando la película de Martin Scorsese Los asesinos de la luna (2023), protagonizada por Leonardo DiCaprio y Robert De Niro.

Pintura del siglo XVIII con un grupo de náufragos en una embarcación similar a la de los supervivientes del 'Wager'.

Sucumbir a las debilidades

Fue mientras escarbaba en un archivo británico digital que David Grann encontró el diario de uno de los tripulantes del barco, el guardia marina John Byron. Tras superar esa pesadilla marítima, Byron tuvo siete hijas y dos hijos: de uno de ellos nació George Byron, uno de los poetas románticos más conocidos del siglo XIX, que pasó a la historia como Lord Byron. "Me ha gustado mucho poder dejar constancia de que algunos de los pasajes del dietario de John aparecen en la obra de su nieto, transformados en versos épicos", explica David Grann. A medida que leía el relato del guardia marina, el autor de Los náufragos del Wager le contrastaba con la versión de otro de los tripulantes, el artillero John Bulkeley. "Ninguno de los personajes involucrados en esta historia representa el mal en estado puro, y pienso que esta es la gracia –asegura Grann–. A partir de un determinado momento de sus vidas se encuentran en una situación límite que les pone a prueba y de la que creen que no podrán salir. Tienen puntos fuertes y puntos débiles. o la lógica del poder, acaban empeorándolo todo".

El Wager zarpó de Portsmouth en septiembre de 1740, junto con otros cinco barcos de guerra. Su objetivo era saquear un galeón español lleno de riquezas –entre ellas plata, sedas, especias y materias primas procedentes de Asia–, en plena pugna entre las dos potencias coloniales por conseguir la hegemonía en el Caribe durante la llamada Guerra de la Oreja de Jenkins (1739-1748). "Si lograban capturar al enemigo, debilitarían el control español sobre la costa del Pacífico", precisa Grann.

Durante la travesía, la muerte del primer capitán del Wager, Dandy Kidd –descendiente del temible corsario William Widd–, hizo que asumiera su mando David Cheap. En el libro se le describe como un "hombre corpulento de cuarenta años que huía de los enganches con su hermano por temas de la herencia, de los acreedores que le perseguían y de las deudas que le impedían encontrar a una mujer adecuada". La escuadra británica quería sorprender las posiciones españolas en el istmo de Panamá; para ello, debía bajar el Atlántico hasta el cabo de Hornos y subir por el Pacífico, pero llegaron en uno de los peores momentos del año, a finales del verano austral, cuando los vientos soplan con más fuerza y ​​las tormentas son más virulentas. El Wager se descolgó del resto de barcos por culpa del mal tiempo y acabó estrellado entre dos rocas. "En el momento del naufragio quedaban poco más de un centenar de miembros de la expedición –comenta Grann–. Buena parte del resto había muerto a consecuencia de un terrible brote de escorbuto: fue como una tormenta dentro de la tormenta".

Grabado de 1805 donde se muestra cómo los náufragos construyen su campamento en la isla Wager.

Mantener el orden o reinventarlo

Los supervivientes nadaron hasta una pequeña isla desierta de la costa chilena que acabarían bautizando con el nombre del barco. "En la isla las diferencias entre Cheap y Bulkeley fueron creciendo –dice el autor deLos náufragos del Wager–. El capitán tiene un punto heroico porque trata de mantener el orden en esa situación extrema, pero se aferra quizás con demasiada fuerza a la jerarquía militar, y eso le acaba jugando a la contra. El artillero Bulkeley, en cambio, se da cuenta de que aquella es la oportunidad de su vida: hasta entonces se ha sentido injustamente marginado y ha hecho todo lo posible para salir adelante y llegar hasta donde está". roles que durante la expedición en barco", o bien "subvertirlo, como propone John Bulkeley, con la promesa de ofrecer más libertad a los compañeros". En medio de la visión del capitán y de la del artillero que urde el motín está la figura clave de John Byron: "A él le toca pasar por esta experiencia extrema. Tiene sólo diecisiete años. Debe decidir qué significa ser leal y qué significa rebelarse".

En la isla los robos, castigos y conspiraciones desembocan en alguna ejecución cruenta, en actos de canibalismo y en el odio inclemente entre los dos bandos del Wager. Unos y otros explicarán su versión de los hechos cuando lleguen a tierra firme. "Bajo la superficie del libro, que cuenta una historia de supervivencia y resistencia, hay un tema mucho más actual, que es el de la batalla por imponer un relato –dice David Grann–. En este sentido, lo que explico en Los náufragos del Wager es casi una parábola de lo que estamos viviendo actualmente, con la lucha entre la información, las fake news y la credibilidad que damos o no a los testigos". Grann recuerda que hay varios ejemplos de cómo "las vidas humanas son reconfiguradas a través de la literatura": el náufrago "real" Alexander Selkirk inspiró a Daniel Defoe una novela como Robinson Crusoe (1719); el dietario de John Byron hinchó de veracidad algunos versos de Lord Byron; las experiencias a bordo de varios barcos vividas por Herman Melville le motivaron a dedicar novelas de carácter autobiográfico como Redburn (1849).

"De pequeño había leído con interés a Herman Melville y Joseph Conrad –admite Grann–. Más adelante me interesó el concepto de motín, aplicado a cómo sublevarse contra el orden establecido. En el caso deLos náufragos del Wager tiene sus particularidades, porque se da en una estructura militar: el Wager era un barco del ejército inglés".

En 2023, antes de publicar el libro en Estados Unidos, Grann recibió "la excelente noticia" de que Martin Scorsese y Leonardo DiCaprio compraban sus derechos para adaptarlo al cine después deLos asesinos de la luna, aunque por el momento no han trascendido más detalles. "En principio el equipo que trabajará en Los náufragos del Wager debe ser lo mismo que el deLos asesinos..., y eso me llena de orgullo", comenta el autor.

Un libro anterior de Grann, La ciudad perdida de Z, ya fue adaptada en la pantalla grande por James Grey (2017). "A La ciudad perdida de Z me centraba en un explorador británico que buscaba la ciudad de El Dorado en la Amazonia a principios del siglo XX –recuerda–. En Los asesinos de la luna investigaba la masacre silenciada de indígenas osage en la década de los 20 del siglo pasado. Aquí me voy más lejos que nunca, hasta el siglo XVIII. Los tres libros tienen en común que sus personajes persiguen desenmascarar la verdad". Es más compleja, perturbadora e incómoda de lo que imaginan.

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