Hoy hablamos de
Un aula de la Universidad Autónoma de Barcelona en una imagen de archivo.
22/02/2025
Profesora de universidad y Escritora.
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La cuestión del consumo de psicofármacos, particularmente entre adolescentes y jóvenes, está siendo preocupante. Así lo establecen los últimos estudios, de los que se ha hecho eco el ARA, que señalan que "en 2023, el último con datos gubernamentales definitivos, más de 1,2 millones de catalanes recibieron al menos una dispensación de antidepresivos". Las prescripciones entre los menores de quince años y desde 2020 se han triplicado. La noticia también dice que estos medicamentos, "grosso modo, anestesien les emocions".

A la universitat ens arriben estudiants que fa anys que prenen medicació derivada d'una varietat de trastorns mentals com la hiperactivitat amb dèficit d'atenció, pels quals s'han començat a medicar des de l'escola primària o l'institut. Alguns decideixen animar-se i provar fortuna deixant-los de prendre, a veure què passa. En general, el consum és selectiu: es manté en època d'exàmens o quan van a classe, durant el curs acadèmic. A partir de secundària, i en els darrers anys, la medicació per depressió ha començat a notar-se també.

A les vuit del matí, una colla d'estudiants medicats no tenen esma d'aixecar-se per anar a classe. El cos no els porta. L'absentisme és elevat. Aquests joves refereixen que no poden dormir a les nits com a efecte secundari d'aquests medicaments, o bé que els produeixen una gran somnolència. Si els acompanyen amb el cotxe fins a l'entrada del edificio, todavía pueden llegar al aula, para después dormirse enseguida. Juntos sobre la silla, es difícil que puedan escuchar o participar de la dinámica docente. Pero todavía hay otra consecuencia de ese estado de cosas. Cuando están despiertos, es como si no estuvieran allí. En lugar del absentismo, surge una modalidad de ausencia existencial. Estiran las piernas, agachan la cabeza. Pero ¿dónde están? ¿Qué piensan? Dicen que "tienen" hiperactividad o falta de atención, o depresión, pero esta afirmación no es suficiente, no los vemos bien. Los fármacos los emplazan en un sitio que no es el suyo. Están sin estar. Como cuando te dicen que te harán una anestesia general, significa que no notarás nada. La impresión en el trato con estos chicos y chicas es justamente ésta: no notan nada. Están en un balcón y miran abajo cómo pasa la gente, pero ¿cómo salir a caminar con los demás? Esa sensación en el diálogo con ellos es angustiosa. Quisiéramos activarlos, pero sin alcanzarlos, desde su propia y personal invisibilidad, ¿qué podemos hacer? Algo es el diagnóstico, la categoría clasificatoria. Pero otra muy distinta es cómo vivir la experiencia del trastorno. La medicación es una posible vía en casos difíciles. Sin embargo, la pregunta para la persona debe ir más allá del psicofármaco: ¿hay alguien por ahí merodeando? Si el fármaco elimina esta posibilidad, entonces la anestesia general afecta a todo el mundo, quienes se medican y también quienes no. La epidemia social de la medicalización hace que nadie note nada, ni siquiera la vida como ocurre.

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