

Un día Tremp estuvo a punto de desaparecer. Justo en la madera de encina. Los trempolines y conquenses DF (Llimiana, Guardia, Salàs…) veían cómo todo se iba esfumando, levantando el vuelo y sin avión. Piernas ayúdame. Ocurrió cuando ocurrió todo.
Tenemos la suerte, y la tecnología ouija, de charlar con un trempolín de principios de siglo XX. ¿Qué le pasa? "Las desgracias del campo han empobrecido la comarca hasta el punto de que la vida se hace imposible. La gente joven se ha ido a las Américas a buscar trabajo que proporcione un pedazo de pan. Las poblaciones han quedado mermadas en dos terceras partes". Nada menos. ¡Sequías, inundaciones, la filoxera! Los moribundos cogen por el cuello a su diputado de distrito en las Españas, Josep Llari. Paio, el Gobierno nos exige "los mismos tributos que antes, cuando Tremp era rica y plena", y "no podemos pagar porque la miseria nos consumo, y el gobierno ante tan justificada excusa contesta haciendo buscar por los fusiles de los civiles las villas muertas a las que el allanamiento de la miseria ha dado la quietud de los cementerios". Pero los nichos de las necrópolis se mueven.
Trocitos de lápidas en mano, todo Tremp DF en asamblea decide una pista hacia la resurrección. Pueblo y cuenca "acuerdan pedir hospedaje a países americanos, más generosos que esta desagradecida tierra española. Si de América contestan satisfactoriamente, será la primera vuelta que un distrito emigre entero. Quieren marcharse viejos, mujeres, hasta los enfermos; se marchará todo el mundo, no quedarán en Tremp sólo que los recaudadores de la contribución y las fuerzas." Hay contesta.
Tremp pasa de 6.996 habitantes en 1875 a 4.682 en 1910. Llimiana, de 855 personas en 1857 a 476 en 1910… Y en el resto de pueblos salen de las tumbas con bañador y flotador. Mucho de su ADN lo encontrará en Argentina, Cuba, Uruguay y Panamá. El éxodo pallarés es oceánico y contra viento y marea. Un ejemplo zodiaco heroico: de los siete catalanes que iban al Titanic (1912) sólo sobrevivieron cuatro... y tres eran del Pallars Jussà. Estaban, justamente, por el oxígeno de las Américas. Precisamente se habla poco del gas existencial de la libertad. Todo moría. La viña se estrangulaba pero el vino no podía salir ni llegar. ¡Glups!
El Pallars, el Pirineo Occidental, se desangra porque la mayor herida es la que no se ve, ni está: el tren. Muchos pallareses que hacen las Américas se marchan porque el tren que tenía que conectarlos con Catalunya, Francia, Europa no aparece. Desde 1856 con el primer raíl… Hasta 1949 no llega a Llimiana. En 1950 en Tremp. En 1951 en La Pobla. Vía muerta. Nunca más allá. Uno coitus interruptus de país. Una frustración, una negación, una desaparición. Cercanías en el siglo XXI va fatal, pero en el Pirineo nunca han visto los trenes que ya se idearon en el XIX. Cataluña es siempre una hipótesis ferroviaria. El futuro nunca llega. Y las infraestructuras son violencia.
Desde el cementerio primitivo de Mur. Desde este cerro mortuorio. Desde el pueblo de Collmorter, desde Cal Soldat, se ve la resurrección. El castillo de Mur resoplándonos desde el 969. Es la cepa inmortal del Pallars Cellers DF ante un valle de cristal vida. Las copas de mañana están hechas de este aire. Vinos de altura que ponen el cielo en las botellas. Brindamos por los que tuvieron que marcharse. Brindamos por quienes hacen que el Pallars no desaparezca. Bebemos la tierra. En el vino está la verdad. Los viñedos son ya una infraestructura de país. Son un tren invisible que sin irse de casa llegan a todo el mundo. ¡Salud!