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Los líderes de PP y Vox, Feijóo y Abascal.
14/01/2025
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El PP considera que el 2025 debe ser el año de la moción de censura contra Pedro Sánchez, y para alcanzar este objetivo se muestra dispuesto literalmente a lo que sea. Feijóo ha perdido todo el mal olor a la hora de enviar señales a Puigdemont ya Junts, y ahora la última propuesta es una moción de censura instrumental: significa que se trataría de derribar al gobierno del PSOE y coger el poder sólo para convocar inmediatamente elecciones generales. Se trata, por tanto, de hacer frente a una verdadera emergencia nacional. No hay para menos, dado que Feijóo, como Ayuso, no duda en describir al actual gobierno español (a cuenta, esta vez, de la proposición de ley del PSOE contra el lawfare) como "un régimen dictatorial, como los de Maduro o Franco": los dirigentes del PP, incómodos con los actos del cincuentenario de la muerte de Franco, muestran ahora interés en hablar del franquismo como de algo con lo que nunca han tenido nada que ver. Los votos de Junts, sumados con los de Vox y los del propio PP, sería suficiente para hacer prosperar la moción de censura.

Hay problemas, eso sí. Pese a tratarse de un gobierno dictatorial, el PP viene de acordar con el PSOE la renovación del Consejo General del Poder Judicial, después de tenerla parada durante cinco años. Y es cierto que a los socialistas se les ve el plumero de querer legislar contra la judicialización de la política una vez la han probado en la propia piel, con casos como el de Begoña Gómez, pero también lo es que el PP muestra los pies cuando da soporte y crédito a las querellas y demandas presentadas por organizaciones de extrema derecha. Instrumental o finalista, la moción de censura es de difícil justificación por los motivos que alega el PP porque objetivamente no se produce la situación de abuso de poder que Feijóo, Ayuso y compañía denuncian. Simplemente, lo que dicen no es cierto. Sin embargo, no sería el primer proceso de destitución de un presidente o primer ministro que sale adelante con éxito a partir de falsedades, como demuestran los casos de António Costa en Portugal o, antes, de Lula da Silva en Brasil. El PP se inspira.

Aún hay más problemas con la mano tendida en Junts, cuando no hace tanto que el PP presentaba a Puigdemont como uno de los peores criminales de la historia de España (peor que el terrorismo etarra, comparación recurrente) y aún hoy, todo seguido de pedirle el apoyo, Feijóo descarta reunirse con Puigdemont porque es un perseguido y un fugitivo de la justicia. Por otra parte, aunque fuera para una moción que sólo tuviera que servir para convocar elecciones, Junts se encontraría votando para derribar al gobierno que ha hecho la ley de amnistía junto a Vox, que exige derogarla.

Esto no quita que el cortejo de Junts con la derecha española sea de cada día más desacomplejado, con temas fáciles como el control de la inmigración o la lucha contra los okupas, que como es sabido son un problema acuciante. Las empresas que venden alarmas domésticas nunca les estarán suficientemente agradecidos a la derecha política y mediática, por una campaña publicitaria que les ha salido tan eficaz y tan barata.

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