Hoy hablamos de
Un grupo de mujeres en Auschwitz
27/01/2025
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Los ochenta años de la liberación de Auschwitz coinciden con los veinticinco de la muerte de Maria Àngels Anglada, una gran escritora catalana del siglo XX (será homenajeada este miércoles en el Institut d'Estudis Catalans), autora deEl violín de Auschwitz, una de las primeras –y más sólidas– novelas concentracionarias escritas por alguien que no vivió en primera persona el horror de los campos nazis, el Holocausto y los "otros" crímenes cometidos por el Tercer Reich que caen fuera del Holocausto porque iban contra otros grupos humanos: mujeres, homosexuales, gitanos, discapacitados, etc. Un intento serio de dar respuesta al desafío de Theodor W. Adorno, quien había dicho que, después de Auschwitz, escribir poesía es un acto de barbarie; es decir, que no habría forma de estetizar la Xoà sin banalizarla (hablando de Adorno, no pierdan la ocasión de leer sus Minima moralía, ahora en excelente traducción al catalán de Joan Ferrerons i Llagostera en la editorial Arcadia).

No por ser tantísimas veces citado o comentado, el desafío de Adorno ha dejado de estar vigente. De hecho, lo es el desafío que representa la propia memoria histórica del nazismo y de los fascismos del siglo XX, ahora que vemos nacer y crecer en todas partes los del siglo XXI. He explicado aquí mismo (pero hace diez años) que visité los campos de Auschwitz y Birkenau –también llamado Auschwitz II– hace ya rato, en el 2009, con motivos de unas jornadas literarias en Cracovia. Recuerdo que dudaba si ir, por escrúpulo de contribuir a un turismo del horror que, efectivamente, se ha acabado haciendo también de masas. Pero los poetas Xavier Farré y Abel Murcia, organizadores de las jornadas, me persuadieron suavemente de ir, con el argumento de que la visita constituye una experiencia importante. Finalmente fui con los también poetas Lluís Calvo, Jordi Doce, Almudena Vidorreta e Ignacio Escuín. Creo que la advertencia de los organizadores fue cierta para todos.

Auschwitz, con su museo del asesinato en masa convertido en proceso industrial, lo interpela todo, dejando en evidencia aquella frase que se repite de esma: "que no vuelva a pasar", "que no se repita". El problema es que no ha dejado de repetirse: Europa ha logrado (y esperamos que aguante) crear un espacio de paz entre los estados miembros de la Unión Europea, pero la mayor parte del resto del mundo ha continuado encendida en conflictos a menudo atizados o dirigidos desde Occidente que han comportado genocidios, limpiezas étnicas, masacres, deportaciones y desplazamientos masivos de población en busca de asilo o refugio (y encontrando a menudo unas condiciones de vida inaceptables, o directamente la muerte). Lo hemos visto en África, en Oriente Medio, en Extremo Oriente, en Latinoamérica, también en la Europa extracomunitaria. El violín de Auschwitz, de Maria Àngels Anglada, deja expresamente de lado el análisis del conjunto del conflicto para centrarse en la tragedia que supone el hecho de que alguien le niegue la libertad a otro con el objetivo de humillarlo y convertirlo en algo distinto a un humano.

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