29/05/2022

La universidad no es el único camino correcto

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La FP en el centro de estudios Roca

Tres décadas después de la aprobación de la LOGSE, que entre otros aspectos tenía que impulsar la formación profesional, continúa sin el mismo prestigio que el bachillerato. Muchos profesores de ESO siguen explicando más y mejor el itinerario orientado a la universidad que los ciclos formativos. Para ellos la vía "normal" es la del bachillerato, dice el investigador del Instituto de Estudios Regionales y Metropolitanos de Barcelona Andreu Termes, que ha estudiado las transiciones en la educación potobligatoria. Además, los estudiantes que eligen un grado medio se encuentran que cuando lo acaban y quieren pasar a uno superior –no pueden entrar en la universidad directamente– solo pueden acceder al 20% de las plazas. El 60% están reservadas para los alumnos de bachillerato y el otro 20% para los que hacen pruebas de acceso, normalmente mayores de 25 años. 

El día 14 empezará la selectividad y seguro que ya quita el sueño a la mayoría del alumnado de bachillerato, porque donde quieren ir es a la universidad. Es el camino que erróneamente a menudo se considera no solo más normal, sino más correcto: ESO, bachillerato y universidad. Pero en nuestra sociedad hay opciones formativas igual o más buenas que la universitaria y capaces de ofrecer un amplio abanico de salidas profesionales. 

Los datos de la investigación de Termes dejan claro que en los ciclos van a parar más chicos que chicas, más extranjeros que a bachillerato, con una renta familiar más baja, más a menudo salen de centros de alta complejidad y también son más repetidores que los de bachillerato. Este perfil indica que los prejuicios siguen vivos. Pero el camino más correcto para un estudiante es el que se adapte mejor a las circunstancias de cada joven para que, eso sí, aprenda tanto como sea posible y pueda desplegar todo su potencial profesional y vital. 

La formación profesional no es un catálogo de estudios para alumnos menos capaces a pesar de los prejuicios que todavía lo rodean –y que, por suerte, se van cambiando–. Es formación especializada, a menudo técnica y mucho más ajustada a una profesión concreta que un bachillerato, a la fuerza más genérico. Es formación cualificada, como la que necesita cualquier país para avanzar. El nuestro también. No nos podemos permitir el lujo de tenerla como una educación de segunda clase ni que se quede corta de plazas, como pasó el año pasado. Porque el futuro de todos depende de la posibilidad de ayudar a cada joven a ir tan lejos como pueda, en la formación y en la vida. Los estudiantes de ciclos medios también tienen que poder seguir su camino tan lejos como sea posible y por eso hay que ponérselo fácil, no más difícil que a sus compañeros.