
Reason in Exile. Essays on Catalan Philosophers es un libro comprometido con la transmisión. Concretamente, con la transmisión del caudal de la filosofía catalana. El autor es Manuel Durán (1925-2020). Comenzó su exilio en Francia en 1939, pero cuando los alemanes entraron en París, su familia logró reservar un pasaje al Nyassa rumbo a México. Tras ganarse una notable reputación como poeta, crítico literario y filósofo, obtuvo una plaza de profesor en la Universidad Yale. Fue también fundador de la North American Catalan Society y codirector de la Catalan Review y escribió más de 40 libros.
En las páginas de Reason in Exile (1994) nos encontramos con las voces de Jaume Serra Húnter, Joaquim Xirau, Ramon Xirau, Josep Ferrater Mora, Luis Recasens Siches, Joan Roura Parella, Eduard Nicol y la del propio Manuel Durán. Es un libro irregular, en el que abundan los pasajes de elevada exaltación retórica, como el que asegura que los filósofos catalanes en el exilio "más que ningún otro grupo, construyeron un puente entre Europa y el nuevo mundo". Pero merece nuestro agradecimiento por el esfuerzo por mantener viva una llama:casi cursoras vitai lampada traduciendo.
"Nos atrae –nos dice Durán– el contacto con los jóvenes, la posibilidad de influir de manera indirecta, casi misteriosamente, en el futuro de nuestros pueblos y nuestras culturas, y pagar la deuda que tenemos con los que fueron nuestros maestros. Y al mismo tiempo los que estudiaron con nosotros, al menos algunos, seguirán nuestros pasos. Esta continuidad, esta cadena, no se rompe."
¿Es, de verdad, eterna?
Durán responde indirectamente esta pregunta en un artículo que titula "Dewey y la crisis de la educación en Estados Unidos", publicado en Cuadernos Americanos (núm. 5, septiembre-octubre 1959).
Empieza reconociendo "la conciencia de una crisis, de una falta de adecuación entre lo que se ha propuesto el proceso educativo y lo que efectivamente ha logrado y está consiguiendo". En Estados Unidos esta conciencia fue especialmente aguda cuando los estadounidenses descubrieron que los rusos habían puesto un satélite, el Sputnik, sobre sus jefes (1957). Se sintieron a la vez amenazados militarmente y relegados científicamente, lo que constituía una doble y seria amenaza para la propia democracia. La pregunta que se hicieron era: "¿Estamos proporcionando a los jóvenes una educación a la altura de las necesidades de los tiempos?"
Dado que la educación estaba mayoritariamente en manos de los seguidores de Dewey, que conformaban el movimiento de educación progresiva, era necesario replantearse la vigencia de sus postulados pedagógicos. Durán no duda de sus buenas intenciones pero considera que Dewey es un hombre del siglo XIX. Su pedagogía es una respuesta a las necesidades de la sociedad industrial.
Según Durán, la revolución protagonizada por Dewey "ha sido en algunos casos radical, en otros menos, pero ha ido siempre en el sentido de aflojar la disciplina, dejar al niño más iniciativa, relacionar en lo posible los conocimientos a adquirir y la experiencia cotidiana del niño [...]. Ningún otro país ha llegado a estos extremos; Dewey suponía que los estudiantes, absortos en problemas que de verdad les interesaran, se disciplinarían a sí mismos, se impondrían espontáneamente un esfuerzo de atención y de respeto por los asuntos tratados, mucho más provechoso moral y prácticamente, que la disciplina impuesta desde arriba […]. rios de Dewey, confiesan que la disciplina se ha convertido en el problema número uno, y que no pueden resolverlo precisamente porque hacerlo por imposición autoritaria destruiría una base fundamental de su sistema pedagógico".
"La escuela tradicional –concluye Durán– desatendía al niño y sus problemas; la nueva pedagogía desatiende a la cultura [...]. La disciplina impuesta desde arriba es a veces indispensable para mantener el esfuerzo creador", y también para no cargar sobre el alumno responsabilidades excesivas. "¿Debemos hacer hoy, otra vez, lo que queramos?", le preguntaba un día una niña a su maestra.
Paradójicamente, John Dewey, el pedagogo de la sociedad industrial norteamericana, es el faro que la pedagogía innovadora actual ha erigido para orientarse en la sociedad postindustrial, que es la sociedad donde existe superabundancia de información y carestía de criterios.