Trump 2.0: de los olvidados en los 'broligarcas'

BarcelonaEn las escaleras del Capitolio, en el 2017, el entonces flamante presidente Donald Trump se presentó como un outsider de la política con la promesa de luchar por los "hombres y mujeres olvidados" de Estados Unidos que, según dijo, habían sido ignorados por las élites políticas. Ocho años después, el magnate megalomaníaco ha vuelto a la Casa Blanca con una estampa muy distinta. En su segundo discurso inaugural, esta vez dentro del Capitolio para resguardarse del frío, se rodeó de los hombres más ricos del mundo, poderosos de Silicon Valley y magnates financieros, por proclamar el inicio de una nueva "época dorada" para su país.
Su revuelta contra las élites, que nunca se materializó –su hito más importante de su primer gobierno fue un gran recorte de impuestos a las clases más adineradas–, ha quedado sustituido por una alianza de broligarcas tecnológicos y financieros. La palabra broligarca es una contracción de bro (abreviatura de hermano, en inglés) y oligarca, que estos días ha inundado los medios de comunicación para explicar la influencia de esta nueva aristocracia, formada por figuras como Elon Musk, Mark Zuckerberg, Peter Thiel, David Sacks o Marco Andreessen, en el nuevo gobierno de Trump.
Irónicamente, la proclamación de una "nueva era dorada" de Trump durante su inauguración para prometer renovación y prosperidad ha hecho resurgir el término Gilded Age, la época dorada del siglo XIX que popularizó el escritor satírico Mark Twain para describir un período de crecimiento económico desmedido, pero también de inmensas desigualdades y corrupción. Por aquel entonces, mientras unos pocos magnates acumulaban grandes fortunas, la clase trabajadora vivía en condiciones de precariedad extrema. Así, muchos ven las palabras de Trump como una evocación de este pasado, donde los logros económicos benefician sólo a una minoría potentada, mientras que el resto sigue sufriendo las consecuencias de un sistema desigual.
Los broligarcas, que como los antiguos oligarcas han acumulado un enorme poder económico y político, encarnan una cultura hipermasculina y competitiva, marcados por su individualidad extrema y la falta de responsabilidad social. Según la socióloga estadounidense Brooke Harrington, conocida por sus estudios sobre desigualdad y riqueza extrema, estos hombres no sólo quieren acumular riqueza y poder, sino que aspiran a subvertir el estado-nación como estructura dominante, creando espacios donde puedan operar sin regulaciones, leyes ni impuestos.
El nuevo tecnofeudalismo
Esta ambición conecta con el concepto de tecnofeudalismo, una idea desarrollada en la última década por economistas y teóricos sociales para describir la evolución del capitalismo. Esta teoría explica cómo las grandes empresas tecnológicas han pasado de ser competidoras en mercados abiertos a convertirse en monopolios que controlan infraestructuras esenciales, recursos digitales y datos personales, y concentran un poder inmenso de forma similar a los señores feudales medievales. En este contexto, los ciudadanos se convierten en dependientes de estas plataformas para trabajar, comunicarse o consumir, mientras sus derechos y autonomía se reducen.
Políticos, economistas y académicos progresistas han alertado sobre esta tendencia, y han señalado que erosiona los mecanismos democráticos e incrementa las desigualdades. Pero no son los únicos, también existen acríticos a la derecha. Sorprendentemente, uno de los ideólogos del trumpismo, Steve Bannon, ha calificado a Musk de "malvado" y Zuckerberg de "criminal", y asegura que los broligarcas son una amenaza la soberanía popular que busca influir en la política exterior, tecnológica y migratoria de Trump. Esta pugna entre el populismo nacionalista que catapultó al presidente al poder y los intereses de los broligarcas dominarán los primeros pasos del nuevo gobierno. Pero si el pasado es prólogo, es muy probable que Trump deje de nuevo a los suyos olvidados en la estacada.